No grave will hold me...

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Os estoy vigilando...

domingo, 16 de septiembre de 2007

The Sandwatch III

A la mañana del tercer día aquella era una aldea prácticamente desierta. Los únicos que quedaban en la aldea eran el alcalde, su hija, dos familias demasiado pobres (o demasiado tercas) como para huir y una pareja de ancianos que se negaban a abandonar la aldea que les vio vivir.

- ¡Hace falta algo más que el Diablo para sacarnos de aquí! – decía el marido, mientras su mujer asentía firmemente cuando ambos veían como la gente marchaba.

“Sí...” pensaba el alcalde, obteniendo así consuelo para su apesadumbrado corazón. “El fin del mundo aun no ha llegado”

- ¿Hoy no trabajas, papi? – aunque la pequeña estaba extrañada, no podía contener su alegría.

- ¡No! – ya nada le pesaba al alcalde – Hoy es un día para ti y para mí – y la primera sonrisa sincera en tres días brotó de sus labios.

Pero no sería la única aquel día. El padre jugó con su hija hasta que ambos quedaron exhaustos, pescaron en un río cercano a la aldea e hicieron una barbacoa con lo capturado. Por la tarde el alcalde le leyó a su pequeña sus cuentos e historias preferidas y recorrieron la aldea de cabo a rabo mientras le contaba anécdotas y vivencias transcurridas en el lugar que le vio nacer, crecer, y que le vería morir.

Cuando empezó a anochecer, ambos, junto con el resto de su aldea, se congregaron en la plaza para observar cómo caían los últimos granos de arena. Se preguntaban si el Diablo se presentaría. Se preguntaban si el fin sería inmediato tras la caída de la arena. Se preguntaban si sufrirían.

El alcalde tomaba fuertemente la mano de su hija, pero ya no tenía miedo. Aquel día comprendió algo: vivir pensando en qué pasará no aportaba más que incertidumbre y miedo. En ese último día hubo disfrutado con su hija lo que no lo había hecho en años. Si hacía falta abrazar el fin de los tiempos con su hija, “Sea pues” pensaba.

Y, así, el último grano de arena cayó.
- Bueno... – como si siempre hubiera estado allí, el personaje enmascarado apareció de detrás de la columna junto al reloj – Vuestro tiempo ha acabado... ¿Verdad?

Los pocos habitantes que quedaban miraban con miedo al Diablo. Algunos incluso asintieron ante sus palabras. El alcalde tomó en brazos a su hija.

El Diablo se llevó una mano a la cabeza y comenzó a carcajear.

- Oh, vamos... ¡Por supuesto que no! ¡¿Por qué debería ser así…!?


2 comentarios:

secundino dijo...

jajajajajaja primer...


por cierto extrañamente el diablo me lo imaginaba con la cara de V....

Tréveron dijo...

si, yo casi tambien!!


xDDDD


me base un poco en el, realmente..
pero la mascara del mio es roja

:P

me van a demandar, verdad..?