No grave will hold me...

No grave will hold me...
Os estoy vigilando...

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Afraid of Darkness?

Como todas las noches, escuchó el chasquido del interruptor y un “buenas noches” de su madre. Y así, la pequeña Náriam de siete años vio su cuarto sumido en las tinieblas.

A pesar de no tener excesivo frío, ya que era otoño, se escudó con su edredón, cubriéndose hasta la nariz. Encogió las piernas y cerró fuertemente los ojos, sintiendo el escalofrío del miedo que recorría su espalda. Como todas las noches.

La ventana de su habitación estaba abierta, así como su puerta. Cada noche se debatía entre dejarlas así y dejar que las luces de la calle y de su propia casa proyectaran las macabras sombras de los objetos que se encontraban en su cuarto o enclaustrarse y sumirse en la oscuridad total. Solía escoger las sombras, pero ello no la tranquilizaba.

Su pequeña lámpara de escritorio parecía un voraz gusano de enorme cabeza que se metería bajo sus sábanas si se descuidaba. La redonda silla giratoria que había frente a su escritorio era un enano rechoncho y gordinflón que le mordería los pies. Las personas representadas en las fotos y pósteres que adornaban las paredes de su habitación se transformaban en feos monstruos de enormes y brillantes ojos rojos además de afilados colmillos en sus malvadas sonrisas. La percha donde colgaba su ropita, erguida en un rincón de la habitación, era un delgaducho y alargado insecto que se comería sus vestidos para que pasara vergüenza de día al no tener nada con lo que vestirse.

Y así todas las noches.

Pero, curiosamente, no como aquella noche en concreto.

Náriam oyó el batir de unas alas cerca de su ventana. Se le antojó muy extraño. Oyó en uno de los documentales que hacían todas las tardes por la tele que casi ningún pájaro de los que viven en la ciudad vuelan por la noche. Además, parecía un batir de alas más lento y pesado de los que normalmente hacen los pájaros. Demasiado aterrada como para abrir los ojos, Náriam se cubrió completamente con el edredón, cabeza y todo.

“Aquí los pájaros no podrían entrar” se dijo. “No hay nada para comer ni ningún sitio cómodo donde dormir”

No dejaba de repetírselo a si misma en un intento de tranquilizar las ganas que tenía de llamar a su madre, la cual, si no fuera nada, se enfadaría con ella. De repente, oyó un brusco ruido en el alféizar de la ventana y dio un brinco en la cama debido al tremendo susto. Rápidamente, levantó el edredón lo justo para poder mirar con un ojo la ventana y echar un vistazo fugaz a la habitación. Empezando a aterrarse, vio cómo su silla giraba hasta detenerse como si algo, o alguien, la hubiera golpeado sin querer.

Con un gemido y un rápido movimiento volvió a cubrirse bajos la colcha de la cama. Encogiéndose hasta hacerse un ovillo, la pequeña Náriam no se atrevía ni siquiera a llorar, con tal de no hacer el más mínimo ruido que delatara su posición. Sin embargo, el pánico cundió cuando notó que un peso se sumaba al suyo en la cama, haciendo que rechinaran algunos de los muelles.

Inmóvil, Náriam había comenzado a sudar ese sudor frío que suelen tener aquellos que se mueren de miedo. ¿Quién podría ser? ¿Alguno de sus padres? No, el peso era demasiado ligero. ¿Un gato? ¿Había entrado un gato por la ventana? ¡No podía ser! ¡Ella vivía en un cuarto piso!

- ¡Sé que estás ahí! – dijo una voz dulce e infantil al otro lado de la sábana, antes de soltar una risotada - ¡Te he visto moverte!

Náriam no había oído esa voz de niño nunca y sin embargo, por alguna razón, no le parecía temible. Muy lentamente, la niña fue destapándose la cara hasta que sus ojos pudieron ver quién se hallaba sobre su cama junto a ella. Y lo que vio le provocó tal susto que casi se cae de la cama.

Efectivamente, era un niño, solo que a su espalda tenía dos enormes alas con multitud de largas plumas de un color negro intenso. Además, sus ojos parecían haber sido coloreados al revés que los de Náriam: le observaba con unas pupilas blancas y brillantes e iris grisáceos mientras que sus globos oculares eran tan negros como la noche. Sonreía ampliamente, enseñando unos dientes tan blancos como perlas, casi resplandecientes, entre los cuales se podían intuir dos pequeños colmillos. Su pelo era muy liso y le caía sobre las cejas, casi llegando a los ojos, mientras que por detrás apenas le llegaba a la nuca. Vestía únicamente unos pantalones azul marino del mismo tejido que el pijama que a veces se ponía ella. Estaba sentado con las piernas en horizontal, cogiéndose los pies mientras esperaba alguna respuesta por parte de la niña.



- ¿Quién... eres? – preguntó Náriam con un hilo de voz, aun sin destaparse por completo.

- ¡Me llamo Nersad! – respondió el niño, sin dejar de sonreír y balanceándose hacia delante y hacia detrás.

La pequeña se incorporó y se descubrió de sus sábanas. Su pelo, largo y castaño, estaba revuelto al haberse tapado y destapado. Su pijama, un camisón largo y descolorido, dejaba así ver alguna que otra de las flores que tenía estampadas. Mirando con sus curiosos y enormes ojos castaños, contestó con la educación que le habían enseñado:

- Yo me llamo Náriam, encantada.

Nersad empezó a reírse de repente llevándose una mano a la boca, para luego decir:

- ¿Te das cuenta? ¡Nuestros nombres son muy parecidos! ¡Los dos empiezan por N!

La pequeña sonrió sin saber por qué, pero entonces preguntó:

- ¿Por qué has venido?

- Yo vivo en las sombras. – extendió las alas para ayudarse a explicar, su envergadura era tan grande que las plumas del ala que daba a la pared se doblaron un poco – Aquí, desde fuera de la ventana, he visto que había muchas y he pensado que se estaría bien. ¡Así que aquí estoy!

Náriam se cruzó de brazos y frunció el ceño.

- ¿Y no podías haber pedido permiso? ¡Me has asustado!

Nersad encogió las alas y se llevó una mano a la nuca, con cara de pillo.

- Pensaba que estarías durmiendo – dijo entre risitas nerviosas.

La niña, aun con los brazos cruzados, apartó su mirada de él y cerró los ojos, con pose digna.

- ¡Pues no! – dijo tras un bufido

- ¿Y por qué no estabas durmiendo? – preguntó el niño, con el rostro menos alegre debido a cierto arrepentimiento.

Náriam abandonó entonces su pose digna.

- Es que... – empezó a decir; Nersad la miraba curioso con sus pupilas blancas y brillantes – me da susto la oscuridad...

- ¡Ala! – exclamó boquiabierto el pequeño, balanceándose hacia atrás hasta el punto de casi perder el equilibrio - ¿Y eso por qué?

- Creo... creo que viven monstruos en mi cuarto... – dijo Náriam con un susurro, mirando a las paredes como temiendo que la escuchasen.

- ¡Oye! – respondió Nersad indignado, cruzándose esta vez él de brazos y apartando la mirada - ¡Que en la oscuridad solo vivimos nosotros!

- ¿En serio? – preguntó la niña sorprendida - ¿Hay más como tú?

- ¡Claro! – dijo el pequeño, volviendo a agarrarse los pies y balancearse – Cada vez que alguien oye un ruido en las sombras de su cuarto, o cree que ha visto algo moverse, probablemente haya visto a uno de nosotros. Los hay que somos un poco torpes... – dijo con una risita – Nos dedicamos a volar por la ciudad en busca de habitaciones con muchas muchas sombras en las que podamos vivir un rato. – con el pulgar por encima de la cabeza se señaló a sí mismo – ¡Yo por ejemplo me he encontrado con la tuya y ahora mismo estoy hablando contigo!

La niña pareció comprender por fin el fruto del miedo que le tenía a su cuarto. ¿Realmente había sido gente como Nersad la que le habían provocado tantos temores?

- ¡Pues creo que es de muy mala educación entrar en la casa de la gente sin permiso! – repuso Náriam, enfadada – ¿Sabes el miedo que me habéis hecho pasar? – su vocecita parecía haberse tornado algo triste.

- ¡Pero que no te tiene que dar miedo! – el niño, sonriéndole hasta dejar ver de nuevo sus pequeños colmillos, le tendió una mano y extendió las alas una vez más, volviéndose a doblar algunas plumas contra la pared – ¡Mira, ven!

Náriam dudó un instante pero finalmente accedió a darle la mano. ¿Iba a llevarla volando por los aires? Sería una pasada, pensó.

Nersad la ayudó a levantarse y juntos saltaron de la cama. El niño la llevó de la mano hasta un oscuro rincón del cuarto, detrás de la puerta. Se sentó en el suelo encogiendo brazos, piernas y alas para que Náriam cupiera y le indicó que hiciera lo mismo. Ésta, un poco decepcionada al ver que no iban a volar, se sentó apretujada junto a él. Su piel estaba un poco fría.

Pasaron un rato en silencio, tan solo mirando la habitación.

- ¿Ves? – dijo Nersad por fin - ¡No hay nada! ¡Y estamos en una sombra! – Náriam asintió, empezando a convencerse – ¿A que se está bien? Por eso nosotros siempre hacemos esto – concluyó sonriente.

La niña se levantó con los ojos muy abiertos y se puso en el centro de su cuarto, mirando a su alrededor. Observó la multitud de confortables sombras que presentaba y sonrió. Ya no pensaba en el gusano cabezón, o el enano rechoncho o en el insecto flacucho. Tal solo imaginaba lo cómodo que era ese cuarto para los seres como Nersad.

- Ala... – se limitó a decir Náriam; Nersad se levantó de nuevo y volvió a sentarse en la cama de un salto con las piernas en horizontal y agarrándose los pies – ¡Ja! ¡Ya verás cuando se lo cuente mañana a mis amigas! – Nersad sonreía satisfecho – ¿Podrías venir mañana por la mañana para que mis amigas me crean?

De repente el niño alado dejó de sonreír, con gesto preocupado.

- ¿Y no podría venir por la noche otra vez?

- ¡Es que a estas horas estarán durmiendo en sus casas! – respondió la pequeña, que se entristeció al ver la preocupación de Nersad.

- Pero es que...

- ¿La luz te hace daño? – preguntó Náriam - ¿Como a los vampiros de las películas?

- No, no es eso... es solo que...

- Jo... – dijo Náriam, triste - ¿Por qué no puedes venir por la mañana...?

Nersad se encogió sobre la cama, abrazando sus rodillas. Sus alas, plegadas, apenas se le veían tras la espalda. El labio inferior de su boca tapó al superior, y su barbilla se arrugó, haciendo un puchero.

- A mí... A mí me da susto la luz...


_________________________________

Ilustración a cargo de Deed

Espero haber estado a la altura de su dibujo ^^

11 comentarios:

Deed dijo...

sabes que me encanta este relato... y no solo por lo bien que está escrito ;)

es precioso, sencillo y fácil de leer, y la frase de Nersad del final... me sigue encantando ^^

me alegro de que te guste el dibujito!

Tréveron dijo...

Sabes que me gusta, CHUFAS!!!

:_3

secun dijo...

hay algo ke a mi no me gusta.
pork los de las sombras tiene alas, y colmillos y no sotros no?

secun dijo...

por cierto se me olvidaba, el relato es muy bueno, aunque quiero saber que pasa con caronte y su lancaha motora....

El Jose dijo...

¿Nariam? ¿Nersad?

¿A qué me suenan esos dos nombres? Por soiD, cómo me fastidia eso... es como querer acordarte del título de una peli de Semaj Dnob y que no te venga a la cabeza...

Nchts... de todas maneras el relato te ha quedao de lujazo. Un poco a lo Peter Pan (¡perdón, quería decir Prete Nap!) pero en su punto justo. Me ha gustado más que los habituales XD

Noe-Chan dijo...

Esta muy lindo el relato. Ojala yo escribiera asi... ;_;

Y el dibujo esta perfecto, aunque a mi se me vino a la cabeza que erais Miri y tu en plan chibi... Mejor me callo, ¿no?

En fin, me encanta el relato, voy a tener que leerme el resto ^_^

Zanthia Khalá dijo...

que retrato más mono, y me encanta el relato; es una pasada lo bien relatado que está y descrito. ^^

Anónimo dijo...

hola!!!!!!



pos nada que me leido todas tus tiras y voy por la mitad de tus relatos y ........me han encantado tienes un don para relatar en serio^^

pero esta historia tendria q tener 2º parte jajaja

bayyyyyyyyyyyyyy

Anónimo dijo...

*Sandra KH*
trev ay mas partes de este relato??
me encanta¡¡¡
miri precioso dibujo^^

Tori dijo...

Muy bonita la historia =3, me ha encantado, espero que le hagas una secuela o algo asi =)...
Por cierto la he recomendado aqui http://ficsheaven.mforos.com/1612790/7707446-treveron-paradox-afraid-of-darkness/

Ladnir dijo...

Muy bueno ^^ me ha gustado y la narración está muy bien *__*