No grave will hold me...

No grave will hold me...
Os estoy vigilando...

jueves, 10 de enero de 2008

The Nether, Chapter VII: A Quiet River

- Damas y caballeros, les ruego me presten atención.

Demasiadas voces. No le oían.

- Por favor, si me prestan un mínimo de atención... – miedo, frustración, indignación; el murmullo era incesante

““Los muertos no cuentan cuentos”, sí, ya...” pensó el Barquero

- ¿Hola...? – Nada

Suspiró exasperado mientras hizo una floritura con su mano. Las voces se acallaron al instante. Sin embargo, las bocas seguían moviéndose.

Muchos se llevaron las manos a la garganta sorprendidos y asustados. Poco a poco fueron fijándose en aquel alto y fornido hombre, de cuerpo encorvado por el cansancio y enfundado en una desgastada gabardina abierta de un negro rojizo que dejaba ver una holgada camisa y un faldón de túnica, ambos marrones. Su cabello era blanco y corto y, si bien parecía peinado hacia atrás, estaba algo revuelto. Presentaba, además, barba de aparentemente unos días en su cuadrado mentón. Miraba a la multitud con sus profundos ojos blancos, sin iris ni pupilas, apoyado en el largo remo de su embarcación mientras éste descansaba en el lecho del Río de las Almas, de modo que no se veía el extremo. La estrecha barca de madera, de apenas cuatro metros de eslora flotaba casi inmóvil a apenas un metro de la orilla.

El Barquero sonrió con sorna.

- Son ustedes muy amables – empezó a decir – Bien, damas y caballeros, están ustedes muertos

Hizo bien en acallar sus voces. Como era habitual, las reacciones fueron dispares, aunque tenían algo en común: hablaban demasiado alto. Y eso al Barquero le ponía de los nervios. Alzó una mano, gesto con el cual pretendía pedir algo de calma pero que las almas en pena interpretaron como una amenaza. Por ello, paradójicamente, le prestaron atención.

- Sé que es un momento difícil para todos – siguió con su cansada voz – Si me hacen el favor de acercarse a mi barca ordenadamente...

Bajó de la barca poniendo sus pies en la vasta orilla a las faldas del Monte Limítrofe, de cuya cumbre nacía el Río de las Almas. Se dirigió a las tres personas que más cerca se hallaban de él. Puesto que rara, muy rara vez se acercaban por voluntad propia, dedujo que eran las tres que habían muerto en primer lugar de la multitud presente. Se trataba de un hombre anciano, una mujer y un niño.

- Sois los siguientes. Subid al barco. – inquirió

El hombre y la mujer obedecieron con resignación, aunque sin quitar la expresión de desconcierto de sus rostros. El niño miró al Barquero y le tiró de la gabardina para llamar su atención. Movía la boca, pero no aparecía ningún sonido.

- Oh, mis disculpas... – con una nueva floritura de la mano, el silencio podía romperse, en cuanto las almas en pena se dieran cuente de ello. - ¿Decías? – preguntó mientras instaba al niño a subir a la barca con un gesto
- ¿Quién eres tú? – preguntó el niño. Pese que al Barquero le pareció una pregunta del todo descarada, pudo ver en la expresión curiosa del niño que no era su intención ser grosero.

El Barquero ignoró momentáneamente la pregunta mientras subía a su barca, manteniéndose de pie en el extremo opuesto al lugar donde el anciano y la mujer se habían aposentado. Apartó la barca de la orilla con el pie y, con un suspiro, comenzó a remar. El pequeño navío emprendió la marcha, tan suavemente como si se deslizara sobre un colchón de aire. El caudaloso Río transcurría su curso tal y como el Barquero siempre lo había recorrido: tranquilo, sosegado, solo revuelto por los golpes de remo, el cual no asomaba su extremo del fondo. Ello no era necesario debido a que la quietud de las aguas no necesitaba de golpes de remo excesivamente fuertes para permitir que la barca prosiguiera su trascendente avance.

- ¿Que quién soy yo? – esbozó una sonrisa –A decir verdad, se me ha olvidado mi nombre...– puso cara de despiste a pesar de mirar hacia el curso del Río y no hacia el pequeño. Siguió hablando – Pero hace tiempo algunos habitantes de la Antigua Grecia me llamaban Caronte* . Al parecer me parezco a una de sus deidades, ¿no es curioso? Puedes llamarme así

- ¡Yo me llamo Adjian y tengo seis años! – dijo el pequeño con entusiasmo reflejado en sus grandes ojos marrones. Vestía pantalones vaqueros nuevos flamantes y un chaleco marrón sobre una camisa roja de cuadros. Caronte se giró para dedicarle una cálida sonrisa.

- Es un placer, Sir Adjian, tenerle como invitado en mi humilde navío

El niño sonrió orgulloso ante el trato de caballero. Pero cuando el Barquero volvió a mirar el Río, cerró los ojos, percatándose de la crueldad implícita en las palabras que acababa de vomitar.

- ¿Qué es este sitio? – preguntó el pequeño mirando asombrado a su alrededor.

- El Río de las Almas – respondió Caronte sin apartar la mirada de las aguas.

- ¿Y cómo he llegado aquí? – inquirió

El Barquero suspiró cerrando los ojos de nuevo. Muchas, innumerables veces había respondido a esa pregunta. Y sin embargo seguía resultándole terriblemente complicado lidiar con la frágil e inocente mente de un infante.

- Pequeño Adjian... – hizo una breve pausa para pensar en la mejor manera de abordar el tema - ¿Sabes lo que es la muerte...? – dijo por fin, inseguro.

- Sí... – repuso triste – Tenía un caballo hace unos meses. Era muy viejo y últimamente no hacía más que comer y dormir. Un día no se despertó por más que lo llamé... Papá me explicó que despertaría, pero que no lo haría más allí... – de repente el niño recordó - ¡Ah! ¿¡Y mis papás!?

- ¿No han venido contigo? – preguntó Caronte con cierta indiferencia. El niño negó con cierta ansiedad. El Barquero le miró – Entonces no están muertos – atajó

El pequeño sonrió triste.

- Qué bien...

El viaje de Caronte seguía sin imprevistos. Durante unos largos instantes, el arrullo del agua con cada golpe de remo era lo único que se oía. Ya, a lo lejos, la Sede del Trono se alzaba, previa a la Bifurcación. Adjian estaba arrodillado en la barca, apoyando la nariz en el borde de ésta. Tímidamente, acercó la mano a las tranquilas y turbias aguas. Su tacto era extrañamente cálido para ser un río a la intemperie. El pequeño siguió el curso inverso del Río y se fijó en la montaña donde nacía. Su curiosidad de niño de seis años afloró.

- ¿Llueve mucho por aquí, Don Caronte? – dijo por fin, sin despegar la nariz de la madera de la barca

- Aquí no llueve, pequeño Adjian – respondió el Barquero

- Pero en ese monte sí, ¿no? El agua viene de allí – señaló la montaña

- Ah, el Monte Limítrofe – suspiró Caronte – Su cumbre sostiene vuestro mundo. – el niño le miraba con atención, mientras él señalaba el largo del curso del Río – Este río no es más que el nexo que supone ambos mundos. Sus aguas provienen de vuestros cuerpos.

El niño se miró la mano con la que había tocado el agua arrugando la nariz.

- ¡Qué asco! – exclamó. Caronte soltó una risotada mirándole con sus ojos blancos.

- No de “esas” aguas... – volvió a mirar el curso del Río y carraspeó – Al menos no del todo... – dijo en voz más baja – El agua es un elemento tan importante en la vida como lo es en la muerte. Tu alma – se dirigió a Adjian – la de todo el mundo – miró fugazmente al anciano y a la mujer que también estaban en la barca y de los cuales se había olvidado por completo. – se disuelven en el agua de vuestros cuerpos y se filtran a través de vuestro mundo. Así llegáis aquí. – hizo una breve pausa – Así nace el Río.

- ¿Y nosotros? – insistió el Adjian

- Vuestras esencias se separan del agua en las faldas del Monte. El agua confluye dando lugar al Río y vosotros, simplemente – hizo un gesto con la mano como si se abriera una flor – os materializáis. Así os separáis definitivamente de lo que os unía a vuestro mundo.

- Ah... – el pequeño vio satisfecha su curiosidad, y el silencio volvió a aquel pequeño navío.

Por fin, la barca llegó al portón que precedía al Trono. Se trataba de un gigantesco portón doble con remaches de hierro dibujando la silueta de las mismas. Su base era una reja de gruesas barras de metal oxidado que permitían que el curso del agua continuase. En sus mitades había grabados motivos radicalmente opuestos: el la puerta derecha se veía la silueta de un humano seguido por una figura blanca bajo un grabado de un Sol; en la otra mitad había otra silueta humana esta vez siguiendo a otra figura, oscura, bajo una picuda luna menguante. Caronte hizo un gesto con la mano, como si empujara una puerta invisible. El portón obedeció como si su madera remachada hubiera sido empujada por una fuerza descomunal. Las enormes bisagras chirriaron con el eco que producía la amplia cámara de grises paredes del Trono del Juicio. El Barquero dio un último golpe con su remo, entrando en aquella estructura.

Un pequeño puente de madera interrumpía el curso del Río. Y más allá de él, se dividía en dos cursos, más estrechos, que se perdían tras sendas verjas similares a las de la base del portón principal. Caronte acercó su barca a la orilla.

- Sir Adjian – se dio la vuelta sin soltar el remo y se inclinó en una solemne reverencia, acentuándola con su brazo – su destino le espera – le dedicó una sonrisa.

El anciano y la mujer se dieron por aludidos y bajaron de la barca antes incluso que el pequeño. Éste miraba fijamente al Barquero y seguir a la pareja.

- ¿Y tú qué? – preguntó

- ¿Cómo...? – respondió Caronte desconcertado por aquel repentino interés

- ¿Siempre has hecho esto?

El Barquero guardó silencio unos instantes. Unos dolorosos instantes.

- Sí... siempre... – suspiró por fin

Adjian arrugó su barbilla.

- Jo, qué aburrido, ¿no?

- Bueno... – el Barquero le guiñó un ojo – Así puedo conocer a gente interesante.

El niño sonrió y bajó de la barca, al suelo de mármol de la cámara.

- ¿Ahora qué tengo que hacer? – Preguntó el niño

- Tienes que caminar hasta el fondo de la sala – señaló al tenuemente iluminado fondo de la cámara – Allí conocerás a alguien casi más interesante que yo – sonrió. El pequeño le devolvió la sonrisa

- ¿Te volveré a ver, Señor Caronte? – preguntó con una súbita expresión de tristeza. Al Barquero no le cambió la expresión sonriente.

- ¡Claro que sí!

- ¡Genial! – el pequeño se dio la vuelta para comenzar a caminar

- Adjian... – llamó Caronte, el niño se dio la vuelta - ¿Qué te ocurrió?

El pequeño pensó unos instantes con melancolía.

- Iba con mis papás en el coche, pero llovía mucho – “Malditos artefactos...” pensó el Barquero. – En una curva muy cerrada papá no giró a tiempo y la carretera resbalaba –De nuevo, el pequeño recordó – Don Caronte

- Dime, pequeño

- Cuando vengan mis papás... ¿les llevarás donde yo esté? – preguntó con una sonrisa triste

- Es mi trabajo, no te preocupes – la misma sonrisa se dibujó en su rostro

El niño se dio la vuelta rápido para que aquel simpático señor no le viera aquella lágrima que el recuerdo de sus padres invocó.

Una vez más, como siempre hacía, con un profundo suspiro, se separó de la orilla de la cámara del Trono y retomó la marcha contra la corriente del Río. Debía recoger a más almas en pena. Y así sería hasta el fin de los tiempos.

Remar contra el Río no suponía ningún esfuerzo para Caronte. Tal era su dominio de aquellas aguas. Tal como hubo navegado en un sentido, recorrió el sentido contrario. En muchos, incontables años, nadie se había dirigido a él como el pequeño Adjian. Aquel crío le recordó la parte humana de su trabajo, que no trataba con materia inerte; le recordó por qué hacía lo que hacía. Entre pensamientos turbadores, la orilla a las faldas del Monte de la Transición.

- Vosotros tres, arriba – se dirigió bruscamente a dos hombres y una mujer, siguientes e, la infinita cola de almas que debían ser juzgadas.

Y volvió, una vez más, otro suspiro más, otro recorrido más. Siempre a golpe de remo.

Ésta vez guardó silencio. Los pasajeros también callaron. Y si no hubieran querido hacerlo, lo hubieran hecho de todas maneras. Caronte no tenía ninguna intención de hablar aquella vez.

De nuevo los portones. Otra vez aquel eco tan perturbador. Una vez más se acercó a la orilla del mármol de la cámara.

¿Otra vez como siempre?

No.

Algo fallaba.

- ¡Hola señor Caronte!

- ¿Adjian...?

Atraído por el chirrido de los portones al abrirse, el niño volvió a la entrada de la cámara.

- ¿Qué haces aquí todavía?

El pequeño se encogió de hombros

- Espero al señor interesante...

Alarmado, Caronte clavó el remo en el lecho del Río y bajó de la barca, pisando el suelo de la cámara del Trono por primera vez en mucho tiempo.

Caminaba raudo por la inmensa estancia. Las escasas antorchas de las paredes iluminaban las lisas y gruesas paredes. Al fondo comenzó a vislumbrar la silueta del Trono. Se cruzó por el camino con el anciano y la mujer que vinieron con Adjian en la barca, que le miraron desconcertados. Él les ignoró.

Boquiabierto, el Barquero recorrió el último tramo. Ya veía claramente el Trono, pero quería acercarse, debía asegurarse. Y debía hacerlo, porque no se podía creer lo que veía.

El trono estaba vacío. El Juez no estaba.



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*En la mitología Griega, Caronte era un anciano de larga barba y melena blancas y ojos de fuego quien, con su barca, recorría el río Estigia, que separaba el mundo de los vivos del reino de los muertos de Hades transportando a los difuntos. Exigía a todo aquel que requiriera de su servicio el pago de un óbolo. Todo aquel que no pagaba aquella tarifa era obligado a esperar en la orilla del Estigia durante cien años, tiempo tras el cual el Barquero realizaba el viaje de manera gratuita. Por ello, los antiguos griegos enterraban a sus difuntos con un óbolo bajo la lengua

15 comentarios:

Tréveron dijo...

Diox, por fin lo he podido colgar.. Desde el lunes que llevo diciendo "lo acabo esta noche ya"...

En fin, de nuevo, las prisas por colgarlo me han hecho pasarme por el forro la revisión; si veis algun fallo grave, ruego me lo comuniqueis.

Además, me gustaría hacer algo: Como en los mejores mangas (ajiem) me gustaria que me preguntarais cosas acerca de este "más allá" que he creado, tanto de transfondo de personajes como aspectos de los lugares. Cosas que creais que se me han escapado, o curiosidades que se os quedan ahi clavadas y que creais que yo no les he dado importancia. Así, si haberlas haylas, las pondré en el relato cuando lo acabe ^^

Ah, y me hallo en el umbral de mi periodo examenil... Seguiré escribiendo, pero Diox sabe cuando estará el siguiente...

En fin, tras este torrao, espero que os haya gustado x)

Deed dijo...

Su cabello era blanco y corto y, si bien parecía peinado hacia atrás, estaba algo revuelto. Presentaba, además, barba de aparentemente unos días en su cuadrado mentón.

¡George Clooney! bwajajaja! x3

A parte de eso... el capitulo mola, más tranquilo que los demás, pero está bien que especifiques como llegan las almas y tal... y la descripción de lo del río y como se materializan las almas me ha gustao ^^

y de momentooo.... eso es todo :)

Vorian dijo...

Pues a mi me a gustado mucho la descripcion de Caronte ^^ ademas soy una amante de la mmmmitologia asi que me has dado justo XD

Y sobre las preguntas creo que puedo improvisar algunas ;D

¿Que hace caronte cuando llega un loco de Patio (o una persona extremadamente agresiva) para cruzar el rio?

La gente a lo largo de su vida va desarrollando su personalidad ¿Es posible que a lo largo de su estancia cambie de cierto modo y pueda volverse malita en guardaluz?

Que pasa si alguien no quiere ir a guardaluz?

¿cComo juzga el juez?, es decir en que se basa para calificar las acciones por que, como decia tomas de aquino "La voluntad siempre tiende al bien, siempre apetece el bien, no el mal"
Y segun eso no existen personas malas, por lo que supongo yo debe usar otros criterios.
¿Se basa en el codigo moral en el que actualmente estamos inmersos que vendria a ser la moral cristiana?
(Aunque a algunos no les guste admitirlo)
Pero por lo mismo, me da curiosidad saber cuales son los criterios en los que se basa...

Luego pregunto mas XD

Devioren dijo...

Qué capítulo tan kawaii ^_^

Me ha gustado mucho lo del niño. ¿Por qué siempre pones un elemento pocholo en la historia? El perro, el chiquillo... Mola, ¿eh?, no me estoy quejando ^^

Y Caronte mola mil, jeje. Qué moral tiene que tener el pobre. Me ha gustado la descripción que has hecho de él.

Y digo yo, el Juez, como el, está eternamente sentado en el trono? ¿Sólo juzga él, sin contar con el criterio de Biancos y Neros? Es decir, como si fuera un jurado.

¿El Juez es Dios? XD

No sé por qué, pero tal y como lo describes veo ese mundo de colores azulados. ¿Cómo lo ves tú?

secundino dijo...

chuck es el juez y ha ido a por unas cervezas, es mas, esta bebiendose el rio....


en vez de barca nopodria llevar una lancha como la thunder que tenia hulk hogan...y llevar gafas de sol.

segun varias religiones si no pertences a la suya vas al infierno y como te prohiben pertenecer a varias religiones todos iriamos al infierno, por tanto los juicios son rapidos...
malo, malo, malo, malo, malo, malo...

a guarda luz solo van las almas de los soplaluces....

Sinkim dijo...

Un entreacto muy interesante, aunque yo no soy imparcial porque Caronte es uno de mis personajes mitológicos preferidos :-D

Una duda que siempre he tenido es ¿qué forma toma el alma al morir, la que tienes cuando mueres o aquella que mentalmente asocias a ti y que es como realmente te sientes?

Siltha dijo...

Primero: Te odio.

Segundo: Deed, yo no he visto a George Clooney, he visto a Hugh Laurie. XD Yo no quería, pero ha aparecido en mi mente.

Tercero: debería estar estudiando y no leyéndote. Pero odio los hongos. Así que lo de las preguntas me lo salto... bueno, en realidad con las de Vorian y Dev, me vale. xD Yo lo veo todo en tonos grisáceos.

Cuarto: ¡Huele a crisis! ¡Yuju!

Quinto: Lo de los personajes adorables que apelan a nuestros instintos maternales son un vil truco para ganar adeptos. XD Ya te vale. XD Na, es broma, molan, el niño me ha caído bien, lo que pasa es que me da envidia como escribes. Intuyo que tendrá influencia de tu sobrinico, ¿no?

Sexto: Perdona si estoy borde/antipática, tengo un examen a las diez y media llevo histérica desde hace demasiadas horas... XD Besitos!

Delerium dijo...

como siempre, me ha encantado

eso si...me gustaria saber todo detalle de esos lugares para dibujarlos ^^

om...y de los personajes tambien claro...

sige ke necesito de mi droga personal n.n

Darja dijo...

me ha encantado oyes...^^

pregunta: ¿que está pasando??? XD

nah, en serio, lo unico que te puedo decir es que me olia lo de que el señor no estaba desde que empieza a bajar el rio de nuevo XD

pero de verdad, me ha gustado mucho, no se, muy tranquilo y muy evocador.


Yo lo veo en color, pero en color apagado...como un crepúsculo de invierno lleno de niebla gris...no se si me explico...influencias, supongo, de la materia oscura.

Tréveron dijo...

Pequeños y pequeñas, gracias por los comentarios x)

Responderé a todas las preguntas que se han formulado y que se formulen en un post, que se hara prrrrrrtz de tiempo (donde prrrrrrtz no tiene por que se mucho...)

Sigo escribierndo para satisfacer vuestras curiosidades xD

Delerium dijo...

sentir? el ke...no me has hecho nada, no tienes nada ke sentir...no tienes naad por lo que sentirte culpable

:)

sonrie, eres mas wapo asi ^^

el escrito es simplemente un escrito..nada mas...ni la poesia es mia...ni me he cortado los brazos...ni pienso volver a encerrarme...

es simplemnte lo que se me ocurre en un momento de debilidad, pero todo esta pasado

Tréveron dijo...

Del, podrias haberme respondido a mi comentario en tu blog, que si que entro regularmente, puñetas

^^'

Ahora has confundido a todo el personal xD

Delerium dijo...

pse...dudo de esa regularidad...

a kienes se extrañen de mi anterior firma...simplemente pasad..no tiene nada que ver con el cuento...mis disculpas

Keirana dijo...

Más allá de los sueeeeeeeeeeeñoooooos..... X_D

Me gusta como narras, eres un gran escritor, Andrés.

ShaDy dijo...

ESA historia se la conoce to el mundo!!!...

sale incluso en Xena..y en hercules ya ni te cuento xDD


pero Xena es mejor...y no dejare que gabrielle me la kite...muhajajaajajajaja