No grave will hold me...

No grave will hold me...
Os estoy vigilando...

miércoles, 1 de octubre de 2008

Pain

El corredor de la muerte, donde la esperanza pasa de largo y los que moran en él respiran como si se tratase de una cuenta atrás.

Uno de los condenados por asesinato múltiple, ataviado con el mono naranja típico de los de su clase, camina pesadamente con grilletes en las manos y en los pies, flanqueado por dos agentes de policía. El eco del repiqueteo de las cadenas resuena a lo largo de un gris y estéril pasillo apenas iluminado por un puñado de bombillas, algunas de las cuales amenaza con fundirse. Los tres hombres caminan lentamente durante unos minutos, hasta que finalmente se detienen frente a una puerta sencilla, con una pequeña ventana y sin letrero alguno.

El umbral se abre ante la comitiva sin emitir quejido alguno, y se ven ante una pequeña y sombría sala. Al igual que el pasillo, las paredes son de un sobrio y triste tono gris y la única fuente de luz proviene de una lámpara que se halla sobre una mesa metálica, situada en uno de los rincones del cuarto, dejando el resto en la penumbra.

El alcaide de la prisión se halla junto a la mesa, con el gesto apesadumbrado. Se dirige a los agentes.


- ¿El reo ha degustado ya su última cena?

- Así es – responde uno de los agentes.

- ¿Y ha recibido ya apoyo espiritual?

- Lo ha rechazado.

- Bien. Bien...

El alcaide se masajea la nuca, sintiendo la punzada de la culpabilidad, y lanza sendas miradas de soslayo a los alguaciles. Asiente.

- Liberen al reo de sus grilletes. Bien. Ahora siéntenlo en la silla.

El condenado atiende a todo el proceso con sumisión, contrariado, mas con la resignación de quien sabe que va a morir. Creyendo que su ejecución era inminente, observa cómo los agentes y el alcaide abandonan el pequeño cuarto y le dejan a solas.

Los segundos transcurren plúmbeos en el silencio de esa sala mientras el reo mira al vacío con una creciente incertidumbre.

Hasta que escucha unos pasos apenas a unos metros tras él.

Una figura emerge de uno de los oscuros rincones. Es un hombre joven, alto, y delgado. Su tez morena contrasta con una corta melena de un color plateado y brillante. Viste pantalones de cuero negro y un ceñido chaleco de vinilo del mismo color, cuya ausencia de mangas deja ver unos brazos fibrosos y fuertes.

Observa al reo con unos inquietantes ojos inyectados en sangre.


- Acabemos con esto de una vez. – dijo.

El condenado se da la vuelta sobresaltado. La pregunta de de dónde demonios ha salido ese tipo pronto deja paso a una risotada.


- ¿Ese es el uniforme que lleváis hoy en día los verdugos?

- Sí, sí, vale... – toma la lámpara en su mano y, con un violento movimiento de la pierna, arrastra la mesa hacia el otro lado de la sala, para el asombro del reo – pero acabemos con esto de una vez.

De nuevo otro violento y veloz movimiento, esta vez de la mano. Con el rostro contraído por el esfuerzo y la rabia, el hombre hace el ademán de tomar el aire, moverlo contra la pared y alzarlo, apretando con fuerza. Aunque en ningún momento toca al condenado, para el asombro de este, su cuerpo se mueve como un muñeco de trapo, estampándose contra la pared. Su cuello se contrae, como agarrado por una fuerza invisible. El reo patalea en la pared, intentando asir aquello que lo tiene sujeto.

“¿Pero qué...?” intenta decir. La voz no le sale.

- Empecemos por algo sencillo – dice el hombre, y cierra su mano aun más, provocando que la fuerza que se cierne sobre el cuello del condenado aumente.

Comienza a faltarle el aire. Su vista se le nubla pero comienza a sentirse como si sus pulmones ardieran. Cuando su mente está a punto de darse por vencida y desmayarse, la presión sobre su cuello cesa. El reo abre los ojos y observa a quien tiene delante. Sus ojos, cuyos diminutos vasos sanguíneos palpitaban henchidos de sangre, se clavan en él.

A pesar de que nada le sujeta el cuello, el condenado sigue en el aire, pegado a la pared.


- Ah, y no te equivoques… – dice el hombre; su voz denota un sentido del deber empañado por la ausencia ganas de cumplirlo – Yo no soy el verdugo.

“¿Y quién demonios eres?”, le hubiera gustado preguntar al prisionero. Pero su voz se ahoga por el dolor que comienza a sentir por la superficie de su piel.

El hombre que se mantiene de pie delante de él comienza a mover el dedo índice, de la mano que no esta sujetando la lámpara, a apenas un metro del cuerpo del condenado. De nuevo, a pesar de que no le toca en absoluto, éste siente como si la trayectoria de ese dedo fuera la de un fino bisturí que se pasea por su tronco y extremidades. Pronto siente la tibia temperatura de la sangre brotando de las heridas. Sin embargo, a pesar de lo irracional de la escena, siente que algo más se aleja de lo normal.

Su sangre no empapa el mono naranja ni cae. Asciende.

Finos hilos del líquido carmesí comienzan a brotar desde el interior el cuello del mono del reo, obedeciendo el gesto de aquel hombre, como si fluyeran a través de tubos inexistentes. Los diminutos riachuelos de sangre flotan frente a su cuerpo dibujando caprichosas y sinuosas curvas.
- Me han enviado aquí sólo para enseñarte una lección. – dice el hombre – La última lección.

Las hebras de sangre comienzan a arremolinarse y confluir a la altura del rostro del condenado. Horrorizado, incapaz de apartar la mirada, observa cómo se agudizan los extremos de los hilos. Se dirigen a sus ojos.

- Y no quiero – continua diciendo con un tono que denota impaciencia y un deje de rencor – que me vengas con esas estupideces sensibleras de – agudiza la voz – “¡Oh, no! ¡Me está devolviendo el dolor que sintieron mis víctimas¡”

Y mientras las flexibles agujas de sangre se introducen de nuevo en el torrente sanguíneo del prisionero tras perforar sus glándulas lacrimales y éste profiere un chillido histérico, el hombre dice:

- …porque no es así

Su mano gesticula de nuevo, mientras un par de lágrimas sanguinolentas se derraman por el rostro del reo aun sujeto a la pared por una fuerza indefinible. Esta vez la mano del hombre se abre, apuntándole a él. Entonces, muy lentamente, comienza a cerrarla.

Horrorizado, el condenado siente como sus huesos comienzan a crujir.


- Esto es más simple – dice el hombre, ladeando la cabeza con un gesto informal – Quiero que sientas dolor.

No le rompe los huesos. No se limita a ello.

Los astilla.

Miles de pequeñas esquirlas óseas procedentes de todos y cada uno de los huesos del cuerpo del prisionero presionan, perforan y cortan los músculos adyacentes. El bramido que libera es ensordecedor, aunque parece que al hombre le es completamente indiferente.

Y de repente, tan pronto como empieza todo, termina. Con un sonido seco el reo se desploma en el suelo temblando, jadeando. Levanta la cabeza con miedo para ver a su torturador. Para su sorpresa, éste le está tendiendo una mano.

Durante unos instantes el condenado duda. Sin embargo, en vistas de su situación y de que resulta difícil que le pueda ir peor, toma su mano y se levanta con dificultad. Su rostro queda a escasos centímetros del de aquel hombre, que aun le escruta con sus ojos inyectados en sangre. A pesar de la dureza de su mirada y de que aun denota cierta impaciencia, no hay hostilidad alguna en ella.


- La lección, como te digo, es muy simple. Consiste en que te des cuenta de lo que vas a echar de menos esto antes de que seas ejecutado.

- ¿Te refieres… a este dolor? ¿¡Y por qué iba a añorar la agonía por la que me has hecho pasar!?

- Porque el dolor nos recuerda que estamos vivos.

7 comentarios:

Tréveron dijo...

Se aceptan fanarts!

(si cuela, cuela xDDD)

Daialian dijo...

Bueno pues como he visto que esto esta muy chulo ( eres mu gore jajaja) te diré que registres las cosas, no te vaya a pasar como le ha pasado a Miriam con la tira cómica, registrarlo todo SIEMPRE, porque si alguien ve una idea que le gusta tardara muy poco en ir a registrarlo a su nombre, va enserio, cuando te has currado algo y alguien se lo ajudica, pues jode, jode mucho, asi que si te dedicas a escribir no dudes en recopilarlo y registrarlo. Es un mensaje en general para todos los k tengais cualquier propiedad intelectual ^^

Deed dijo...

mis tiras estan bajo livencia CC. Ni puedo registrarlas, ya que la mayoría de los peronajes no son mios.

Y el relato mola mucho! ^^ me ha gustado esa camiseta (camisa...?) sin mangas... xD

Koopa dijo...

Moooola.

Y para registrarlo no se como iba, pero por el simple hecho de crear una obra ya tienes unos derechos. Otra cosa es que alguien pueda registrar la "marca" y hacer dinero con ella. La verdad es que es un tema complicadillo

JJ dijo...

el relato me ha encantado y lo sabia, pirata, pero lo que no sabias es que tengo una queja, no me gusta que sea un tio con superpoderes quien lo haga, y no me gusta que solo sea psicologico...

el dolor es visceral, es indescriptiblemente hermoso, natural, y en muchas ocasiones necesario, pero lo que mas me fastidia, es que me das muchas ideas, que jamas plasmare, por perrera, o porque no sabria hacerlas tan bien.

eh dicho




P.D.
MOLA

Jardius dijo...

Mola mucho!
Me gusta el final.
Y las pintas que lleva el tipo parecen diseñadas para que no sea olvidado y por supuesto para que sea temido.

Noe-Chan dijo...

Esta MUY bien. Asi, gore, como a mi me gusta XDD

Si se aceptan FanArts, pues me pondre a hacer alguno, a ver si esta vez me quedan a la altura XDD

Matta Ne!!!!!