No grave will hold me...

No grave will hold me...
Os estoy vigilando...

domingo, 14 de octubre de 2007

Chapter III: A Deal

Latvian se arriesgó y ganó. Llevaba ya demasiado tiempo patrullando Nocheeterna y un día decidió cambiar.

Le encantaba su trabajo, pero con el tiempo había acabado siendo tedioso para él. Además, se dio cuenta de que en su existencia no había más que una constante vigilancia del territorio del clan Nero y que así se sentían muchos de sus compañeros. Latvian había conocido a muchas almas en pena en aquel agujero, y muchas veces (más de una a contra voluntad) había oído sus historias. Y llegó un tiempo en el cual había hablado con tantos y tantos borrachos que habían matado, violado, robado o que se suicidaron, que decidió que tal vez sería una buena idea abrir una taberna.

Un día solicitó una audiencia ante el Juez, para solicitar su permiso. Sorprendentemente, éste accedió, estando de acuerdo en que los Guardianes también merecían un descanso de vez en cuando. La única condición fue que el establecimiento en cuestión debía ser tanto para los Nero como para los Bianco. Ello no agradó mucho a Latvian, pero no dejaba de ser un trato justo. Así pues, tras oír a todos aquellos beodos acerca de sus néctares preferidos, Latvian poseía el conocimiento necesario para destilar sus propias bebidas. De nuevo, solicitó al Juez que le dejara extraer los ingredientes en cuestión de los jardines de Guardaluz, argumentando que la mayor parte de las tierras de Nocheeterna eran yermas. Una vez más, éste accedió y por primera vez a un Nero se le permitió entrar en Guardaluz, no sin cierta reticencia por parte de los Bianco. En cuanto a las herramientas para la destilería, a Latvian le resultó curioso cuán útiles llegaron a ser algunos de los instrumentos de tortura de las mazmorras de Necheeterna (el aplasta-cráneos dio muy buenos resultados con los racimos de uvas).

Así, con la “voluntaria” ayuda de algunas almas esclavas de su territorio, construyó un modesta pero bien avenida taberna en la Bifurcación del Río de las Almas.

Aquella noche estaba especialmente llena, mayoritariamente miembros de los Nero. Al parecer había habido una sublevación de almas de antiguos Cruzados que alegaban que aquel no era lugar para ellos, que merecían el “paraíso”. A Latvian siempre le hicieron gracia aquellos devotos perdedores que llegaban con la esperanza de un lugar mejor tras haber acabado con decenas de vidas.

La puerta se abrió con más violencia de la habitual. No hizo falta apartar la mirada de las jarras que el tabernero estaba limpiando para saber quién había entrado.

“Maldito Dimahl...”

El descarado Nero irrumpió en la taberna y lanzó con un gesto firme la guadaña hacia su derecha, quedando ésta ensartada en la pared, justo al lado de unos Bianco que protestaron y, como venía siendo habitual en Dimahl, fueron completamente ignorados. Éste fue derecho a la barra del recinto y se puso frente a Latvian. El tabernero era algo mayor que Dimahl, y así lo demostraba su canoso pelo y su barba que, pese a sobresalir del mentón, no era excesivamente larga, pero ello no suponía que éste le respetara más que a cualquiera.

- Sírveme algo fuerte, viejo. Hoy ha sido un día de perros... – vociferó el Nero al tiempo que se sentaba en uno de los taburetes – Esos engreídos desgraciados... ¡¿Te puedes creer que querían salir de Nocheeterna porque sí?! Que no lo merecían, decían. Yo sí les di su merecido – Dimahl sonrió.

- Mi día no esta siendo mucho mejor, niñato – le espetó Latvian mientras le sirvió la bebida en una jarra de cristal – Me estorbas en la barra. Largo.

- Oh, venga, Lat... – protestó Dimahl - ¡Todo el maldito tugurio está a reventar! ¡No tengo otro sitio donde ponerme!

- Veo uno desde aquí – el tabernero señaló con la cabeza una silla de una mesa en la que había una Bianco solitaria que miraba distraída su vaso lleno de un líquido transparente.

- Estarás de broma... - repuso Dimahl

- Largo

No había mucho que discutir al respecto. Con un chasquido de lengua y un suspiro, el Nero se levantó del taburete, jarra en mano, y se dirigió arrastrando sus pisadas hasta aquella mesa. Tomó la única silla libre y se sentó, apoyando los pies en un lateral de la mesa, ante la mirada perpleja de aquella Bianco.

- ¿Disculpad? – Tenía una voz hermosa y clara. Dirigió sus ojos aturquesados hacia Dimahl

- Yo tampoco quiero estar aquí, pequeña – bebió un largo trago de su jarra – Si tienes algún problema... – para acabar la frase, Dimahl señaló al tabernero.

- Estupendo... – pese a lo poco que le gustaba compartir su mesa, la Bianco sabía que la palabra de Latvian era ley en aquella taberna.

La velada pasó un largo tiempo en silencio en el que ambos Guardianes se ignoraron mutuamente. Todo parecía ir bien, hasta que Dimahl habló.

- ¿Cómo te llamas? – dijo tras observarla un rato sin que ella se percatara.

- No lo considero de vuestra incumbencia, Nero. – la Bianco ni siquiera le miraba, simplemente miraba al vacío.

Dimahl suspiró

- Siempre os he detestado...

Esta vez consiguió captar su atención: ella le miraba de manera fulminante, con los ojos como platos.

- ¿Cómo habéis dicho...?

- Para empezar – el Nero dejó la jarra en la mesa – ahórrate tu absurda hipocresía y tutéame. Te gusto tan poco como tu a mí. – el rostro de la Bianco se iba torciendo por momentos – Y sí, has oído bien: me dais asco.

- ¿Y puedo preguntar el motivo de vuestro... de tu disconformidad para con nosotros? – ella no salía de su asombro ante el descaro de aquel indivíduo

- Vale – Dimahl le hizo una señal con el dedo indice – no tengo ni idea de lo que acabas de decir. ¿Ves? A eso me refiero. – apoyó los codos en la mesa y miró de manera penetrante a la Bianco – vuestra arrogancia, la de todos los de tu calaña es... despreciable, cuanto menos

- Permitidme decir – ella no podía creer que estuviera participando en aquella absurda conversación – que pese a que no tiendo a tener tratos con los Nero, vuestro... tu comportamiento no dice mucho a favor de vosotros.

- Al menos nosotros no nos escondemos tras nuestra propia pomposidad... – espetó Dimahl

- Y nosotros no somos unas bestias incivilizadas que lo solucionan todo a golpe de guadaña – la Bianco había comenzado a perder la compostura

- Me gustaría veros – el Nero sonrió por no empezar a gritar y repartir golpes de jarra de manera indiscriminada – a cualquiera de vosotros en Nocheeterna, a ver cuánto aguantabais con los que van a parar allí...

- Nosotros tratamos a los nuestros enviados como se merecen. Vuestra brutalidad es injustificada.

Dimahl se echó a reír.

- ¡¿Injustificada!?

- No sé que os hace tanta gracia – la Bianco miró avergonzada a su alrededor. Las risas del Nero habían llamado la atención del resto de clientes y hubiera preferido que nadie la relacionara con él – Nuestros enviados han vivido su vida respetándose tanto a sí mismos como a los que convivían con ellos, sin cometer un solo acto atroz en su vida. Ahora viven felices la eternidad que les espera en este plano, y nosotros velamos por su bienestar. – dirigió sus cada vez más furiosos ojos a Dimahl – Vosotros disfrutáis torturándolos y... cosas peores

- La maldad de nuestro territorio es inmutable, sí – respondió éste – Sin embargo, la bondad del vuestro es tan... – miró divertido a la Bianco – relativa.

- Os equivocais. La bondad de los humanos es tan real como su maldad.

- ¿Y qué me decís de los “grises” entonces? – preguntó Dimahl, perspicaz

La Bianco abrió la boca, pero no dijo nada.

Dimahl suspiró

- El único sino de ambos clanes de Guardianes por igual es estar condenados a conocer sólo la mitad de la historia, pequeña... – su voz sonaba ahora mucho menos acusadora y agresiva, casi melancólica.

- Yo no... – ella sonaba como si se hubiera dado por vencida – no puedo imaginar a los humanos cometer actos... como los que he oído...

- Si vivierais en Nocheeterna, lo que os extrañaría sería que presentaran un mínimo de nobleza – Dimahl tampoco la miraba a ella ahora; ambos tenían la mirada perdida.

De repente, comenzó a mirar a su alrededor.

- Ya nos hemos sincerado. ¿Me concederéis el honor de saber ahora vuestro nombre? – exageró sus buenos modales.

La Bianco suspiró, agotada

- Nahara...

- Encantado, pequeña. Mi nombre es Dimahl y digamos... que tengo algo que proponerte.

6 comentarios:

Gluvia dijo...

Primer!!!

Ummm, interesante... Así es como se conocieron? Así empezó todo? Al menos, podías haber introducido esta historia un poco mejor, reconozco me he reyado un poco al principio... Parecía otra historia.

Esperando impaciente al cuarto (o habitación) capítulo.

Tréveron dijo...

jias jias jias, era mi intencion liaros

:P

tamara dijo...

ma gustao q retrocedas en la historia no me lo esperaba :)
En el próximo capítulo se verá el pq tienen q pasar cada uno al territorio del otro?
a la espera...
:D

Darja dijo...

uoooooooh!!

(como al final no me dio tiempo a comentar el anterior pues en este ración doble ^^U)

En general, me mola. Me mola el desorden de la historia. Sí, es rallante pero al mismo tiempo es mucho más intrigante y adictiva que una historia que empieza HAbia una vez... y entocnes... y entonces... y entonces tal y fin.

La introducción del capítulo es un tanto Pratchettiana, está cañera. El diálogo está muy bien llevado y bastante cuidado, lo cual no suele hacer mucha gente y la verdad es que le da puntos a cualquier historia. Aún así hay algún punto raro como por ejemplo

- ¿Disculpad? – Tenía una voz hermosa y clara. Dirigió sus ojos aturquesados hacia Dimahl

- Yo tampoco quiero estar aquí, pequeña – bebió un largo trago de su jarra – Si tienes algún problema... – para acabar la frase, Dimahl señaló al tabernero.


En el primer caso está bien porque acabas de decir la Bianco en el final de la frase anterior, pero cuando habla Dimahl es un poco extraño que no tenga verbo ni pronombre, lo suyo sería tipo "respondió él, bebiendo un trago..."

Creo que no he visto nada raro más, a parte de un lugar donde pone Necheeterna XD que ahora no hallo, pero vamos...

NO me mola nada Dimahl, es un chuleta engreído y prepontente, no me dió esa impresión tan grande en los primeros capítulos, imagino que en ese lapso de tiempo de relaciones con ella habrá madurado XD

Ánimo y sigue así o mejor, y no tardes! ;p

Deed dijo...

oh, un falshback! :D

al contrario que Darja, me encanta Dimahl :3. Es un capullo engreído... mola mogollón XDDDDD
habrá que ver como continúa, pero de momento me gusta ^^

Devioren dijo...

Yo estoy entre Darja y Deed: me gusta Dimahl porque es un tío legal con una fachada muy grande ^^

El desorden de la historia me parece un buen punto. Tal y como lo cuentas, el relato tiene mucha expresividad, y eso me encanta.