No grave will hold me...

No grave will hold me...
Os estoy vigilando...

miércoles, 10 de octubre de 2007

The Nether. Chapter II: Sincere

Dimahl se llevó la mano a la mejilla mientras miraba atónito a su agresora.

- ¡¿Pero qué demonios te ocurre!? – vociferó éste.

- ¡¿Se puede saber qué ha sido eso!? – respondió ella

- ¡Te dije que no funcionaría, maldita sea!

- ¡¿A ti eso te ha parecido un beso sincero!? ¡Empiezo a no estar tan segura de querer que tu alma forme parte de mi! – dijo ella, llevándose una mano a la cabeza.

Nahara miró entonces severamente a Dimahl, que aun tenía su mano en la mejilla y la observaba más desconcertado que furioso. Ésta le apartó la mano y miró su rostro.

- Pensaba que los Nero erais más duros... Vamos, no ha sido nada. – dijo, con un amago de sonrisa

Dimahl maldijo en voz baja. Al tiempo que Nahara tomaba su otra mano y las posaba en su cintura. Cuando éste sintió las formas de ella bajo la fina túnica que la cubría, no pudo evitar sentir un escalofrío recorriendo su espalda. Seguidamente ella le rodeó el cuello con sus brazos y le miró a los ojos. Dimahl no pudo evitar sonrojarse, lo que acentuó la sonrisa de Nahara.

- ¿Podéis arrancarle el alma a mil mortales y perdéis la compostura en los brazos de una dama...? – Nahara rió – No dejáis de ser un hombre, Nero.

- Ah... – Dimahl titubeó – Acabemos con esto de una vez... – y de nuevo acercó su cabeza bruscamente hacia ella.

Esta vez, Nahara reaccionó y echó para atrás la cabeza, poniendo un dedo en los labios del Nero

- Será mejor que me dejéis a mí. Cerrad los ojos...

La Bianco se sonrió de nuevo y se mordió el labio al ver al turbado Dimahl obedecer, y acercó su rostro lentamente hasta los labios de ambos se encontraron. El Nero se estremeció de la cabeza a los pies en cuanto tomaron contacto. Jamás hubo sentido semejante dulzura en toda su existencia. Sentía cómo los suaves labios de Nahara rozaban los suyos temerosos. Cómo su lengua masajeaba la suya con ternura, hasta que ambas acabaron bailando la misma danza. Completamente entregado, Dimahl comenzó a acariciar el cuerpo de ella, notando cómo sus delicadas formas también temblaban con el roce y cómo aquellas caricias eran devueltas con el mismo sentimiento.

El tiempo se detuvo para ambos. En aquel eterno instante, no se hubiera podido saber dónde acababa el alma de Nahara y empezaba la de Dimahl. Ambos unieron sus esencias hasta tal punto, que notaron cómo el otro penetraba en ellos sin que ninguno de los dos hiciera nada por evitarlo. Percibieron que algo le ocurría a su alrededor. Sabían que algo había cambiado para siempre, pero les daba igual. Sólo existía aquel beso. Sólo existía ellos dos. Sólo existía aquel momento.

Pero era necesario que acabase. Y así sucedió.

Sin dejar de acariciarse, sus labios se separaron y ambos se miraron a los ojos. En los breves instantes en que mantuvieron esa mirada, Dimahl fue plenamente consciente de la belleza de la Bianco; y Nahara pudo sentir la nobleza en lo más profundo del Nero. Aun estremeciéndose, ambos se separaron, y fueron conscientes del cambio.

Él vestía el prístino y holgado sudario blanco coronado por la larga capa, y ella la ajada parca sobre el ajustado mono negro y grandes botas también oscuras.

Ambos demasiado anonadados por lo sucedido como para asumir aquel cambio, así que pasaron unos momentos hasta que Dimahl pudo abrir su boca.

- Ha... ha funcionado – dijo, mientas se llevaba una mano a la cabeza. Más que mirarse a sí mismo, para ver cómo habia cambiado, la miraba a ella – No me lo puedo creer.

- Os lo dije – Nahara parecía (o fingía) haber recuperado la compostura. – Sabía que funcionaría.

Dimahl se miró las manos y su atuendo. Se le hacía raro no estar enfundado en su habitual mono negro. De repente, tras dibujar en su cabeza la imagen de su antiguo atuendo, éste pareció materializarse a su alrededor una vez más. Nahara observó la reversibilidad del cambio, ahora que ambos parecían miembros del clan Nero.

- Definitivamente increíble – Dimahl sonrió empezando a darse cuenta de sus posibilidades.

- Está bien, partamos – dijo ella, sin más dilación, y se dio la vuelta dispuesta a encaminarse hacia el territorio de los Nero.

- ¡Eh, eh, eh, quieta ahí! – gritó Dimahl caminando hacia ella - ¿creéis que sabéis lo que os vais a encontrar en Necheeterna?

- Almas impuras, agresivos Nero blandiendo sus guadañas, una tierra de oscuridad sin fin... Sí, me lo imagino.

- No tienes ni idea... - Dimahl se acercó a Nahara.

- Ya entiendo... Lo olvidaba – se acercó a la guadaña que aun permanecia clavada en el suelo y la arrancó. Tras perder unos instantes el equilibrio al tomar la pesada guadaña (que era más alta que ella) volvió a darse la vuelta.

Dimahl no pudo reprimir la risa al verla cargar a duras penas con aquella desproporcionada guadaña. Con un movimiento de mano, pudo ver cómo su arma tiró de Nahara hasta casi arrastrarla de vuelta a la presencia de éste, mientras ella maldecía.

- ¿Pero qué...? – balbuceó ella, sin saber que acababa de ocurrir

- Definitivamente, no tenéis ni idea, pequeña... – Dimahl rió de nuevo – Ésta es mi arma, parte de mí. No obedecerá a nadie más que a su legítimo dueño – tomó su arma de las pequeñas manos de Nahara. No pudo evitar fijarse en ellas. – si realmente sois una Nero, deberíais ser capaz de invocar la vuestra propia.

Nahara suspiró exasperada. Con un movimiento en diagonal de su brazo izquierdo, dibujó en el aire una gruesa línea nebulosa, como si la tela de su parca se hubiese disuelto y convertido en gas. Seguidamente, con el brazo derecho, tomó firmemente esa línea de humo, que inmediatamente se solidificó dando forma a una guadaña (más pequeña)de madera de ébano y hoja plateada, como la del resto de los Nero. A Dimahl le sorprendió el hecho de no haber tenido que dar ningún tipo de instrucción.

- ¡¿Puedo marcharme ya!? – vociferó la Bianco al perplejo Dimahl. Éste negó con la cabeza y se acercó a ella, tomando una de sus manos. Muy a su pesar, Nahara no pudo evitar sonrojarse. Afortunadamente, ello pasó desapercibido ante los ojos del Nero, que miraba fijamente su mano.

- Debes ocultar tus manos. – dijo Dimahl, volviendo a clavar su guadaña en el suelo, sacándose los guantes y poniéndoselos a ella. – No son manos de Nero. Las nuestras son ásperas y llenas de durezas.

Nahara apartó sus manos de las de él

- Os tomáis demasiadas confianzas – dijo, aun ruborizada.

- Vamos, que nos acabamos de besar… - respondió sin darle mayor importancia. Entonces, la miró a los ojos.- También deberíais… - cogió la capucha de la parca de Nahara y la pasó por encima de sus ojos – Llamarán demasiado la atención allí abajo.

- ¡¿Algo más?! – un deje de impaciencia se notaba en su voz, mientras levantaba ligeramente la capucha para fulminar a Dimahl con un solo ojo. Éste frotó su mentón, mirándola divertido.

- No, nada más.

- Genial – refunfuñó ella, asiendo con innecesaria fuerza su guadaña antes de darse la vuelta de nuevo, partiendo hacia su destino.

- ¡Eh, espera! ¿No hay nada que yo deba saber? – gritó Dimahl al tiempo que, con un pensamiento, volvió a la forma de Bianco. Su guadaña se disolvió en una fina nube oscura

- No… - fue la unica respuesta de Nahara, sin siquiera detenerse en su avance

Dimahl observó un rato el firme avance de ella antes de tomar rumbo.

- Sí… Toda una Nero – dijo sonriendo y también se dio la vuelta para emprender su viaje hacia Guardaluz.

Sin embargo, Dimahl no pudo reprimir voltear su rostro para mirar con un gesto de preocupación disimulada a quien le acababa de regalar aquel dorado momento.

Nocheeterna no era un lugar agradable. Para nadie.

domingo, 7 de octubre de 2007

The Nether. Chapter I: The Tale

- Ah, llega tarde...

Dimahl siempre había sido impaciente, pero realmente, aquella Bianco se estaba retrasando demasiado.

- ¡Maldita sea! Se supone que son los buenos... ¿No es lo suyo ser puntuales y todo eso...?

Llevaba su guadaña apoyada en sus hombros, con los brazos sobre ella y paseaba nervioso sobre sus grandes botas negras. Corría un leve viento en la Bifurcación, y la holgada y ajada parca grisácea que Dimahl vestía ondeaba dejando ver el ajustado mono negro que éste llevaba bajo ella. Su pelo castaño oscuro, que tendía a cubrirle los ojos y que terminaba poco más allá de la nuca, también danzaba al son que marcaba el movimiento del aire. La luz del Crepúsculo Sin Fin, característico en la zona de la Bifurcación, dejaba ver sus ojos negros, que refulgían como un ónice aun con la escasa luz, y también la cicatriz que interrumpía su ceja derecha y atravesaba su adusto rostro diagonalmente hasta la comisura izquierda de sus labios.

La inquietud crecía en su interior. Lo que pretendían hacer no había tenido precedentes registrados en la historia de aquel lugar. El Trono no quedaba lejos de la Bifurcación. Y si el Juez llegara a descubrirles... No, prefería no pensar en eso. Dimahl tuvo que hacer lo imposible para salir de Nocheeterna sin despertar sospechas: si bien en el territorio de los Nero era fácil entrar, salir era virtualmente imposible. Y así debía ser... El lugar donde van a parar las almas de los malvados tras su muerte debía ser un páramo de penitencia eterna. Y eterna quiere decir que no se pueda salir de allí. Por eso le extrañaba que Nahara estuviera tardando tanto. En la antítesis de Nocheeterna toda alma era completamente libre. Dimahl nunca había estado allí, pero había oído lo suficiente. Sin puertas, sin vayas, sin castigo, sin vigilantes siempre atentos... “Aburrido...” Eso es lo que siempre pensó.

Por fin, Dimahl pudo ver una figura acercándose desde Guardaluz, el territorio de los Bianco. Se trataba de una mujer algo más baja que él. Sus largos cabellos rubios que llegaban hasta su cintura, hacían que Dimahl imaginara el perenne esplendor de Guardaluz reflejándose en ellos. Sus ojos eran lo que más le llamaron la atención (tal vez porque estaba acostumbrado al color negro de los ojos de todos los Nero). Eran de un verde aturquesado que hipnotizaría a cualquier humano que posara su mirada en ellos. “Seguro que esos perdedores enamoradizos caerían a sus pies”. Su sinuosa silueta caminaba sobre sus pies descalzos como si estuviera flotando, ondeando la túnica inmaculada y prístina que, aunque la cubría casi por completo, dejaba ver de vez en cuando porciones de su hermoso cuerpo. Al Nero siempre le llamó la atención el hecho de que ningún Bianco llevara nunca un arma. “Al fin y al cabo, son ellos los que de vez en cuando nos mandan su propia escoria...”


- Saludos, Nero – Nahara hizo una sencilla aunque solemne reverencia. Su voz era tan clara y pura como el resto de su aspecto

- Tienes mucha cara al presentarte con formalidades después de llegar tarde... – Dimahl refunfuñó.

- Mis disculpas, Dimahl. Tuve problemas en encontrar aquello que requerimos.

Si iban a hacer aquello que pretendían, debían hacerlo bien. Dimahl pidió a Nahara que buscara en los archivos escritos de Guardaluz algún modo de disimular su presencia en los territorios a los que no pertenecían. Nahara sacó un trozo de pergamino de su túnica “¿Llevan bolsillos ahí dentro...?” se preguntó Dimahl. El papiro estaba enrollado y atado con un fino trozo de tela celeste.

- ¿No tenéis archivos en Nocheeterna? – en la voz de Nahara había un deje de rencor: ella era la que había tenido que hacer toda la investigación al respecto.

- Oh, los tenemos. “Métodos de ajusticiamiento”, “Cómo disolver un alma”, “Manejo aplicado de Guadaña”... Todo muy práctico en nuestro día a día- Dimahl sonrió - pero poco relevante en lo que nos concierne ahora mismo.

Tras clavar su guadaña en el suelo con un fugaz pero firme movimiento, tomó el pergamino de las manos de Nahara y lo abrió. Para su sorpresa (y decepción) se trataba simplemente de un relato.

- Nos la estamos jugando... ¿y me traes un cuento? – Espetó Dimahl.

- Leedlo, insolente...

Trataba de un Nero y una Bianco que se conocieron paseando por la Bifurcación del Río de las Almas. Ambos se enamoraron a pesar de pertenecer a clanes opuestos, entre los cuales nunca había habido buenas relaciones. “Basado en hechos reales...”, pensó Dimahl. Pronto se dieron cuenta de que su principal problema sería verse de manera común. Su solución fue que cada uno, alternándose, visitara al otro en su respectivo territorio. Pero ningún Nero sería bien recibido en Guardaluz, y quizás mucho menos un Bianco en Nocheeterna. Ambos pensaron en cómo encubrir su presencia en los territorios hostiles. Ello suponía un problema, ya que un Nero podía sentir espiritualmente la presencia de sus antagonistas, y viceversa. La Bianco pensó en algo.

- ¿Compartir nuestras almas? – Dimahl estaba realmente intrigado. - ¿Qué demonios quiere decir eso?

- Seríamos híbridos. – Nahara sonaba ansiosa - Ambos transmitiríamos parte de nuestra esencia al otro. De esta manera no sólo nuestra apariencia se confundiría, sino también nuestra presencia. Será perfecto para nuestra empresa.

- Vaya, vaya... Mitad Nero y mitad Bianco... – Dimahl se frotó el mentón – Eso nos convertiría en seres prácticamente perfectos... ¿Cómo es que nadie nunca lo ha hecho antes?

- Hemos de admitir que las relaciones entre nuestros clanes no han tendido nunca hacia la colaboración mutua... – Nahara se encogió de hombros - Supongo que ningún miembro de nuestros clanes hubiera estado de acuerdo en que un miembro del clan opuesto goce de semejante poder.

- La idea me gusta... ¿Pero cómo lo haremos?

- Sigue leyendo, Dimahl... – la creciente impaciencia de Nahara hizo que perdiera los formalismos.

Dimahl prosiguió con el relato. La Bianco de la historia, a pesar de haberlo propuesto, ignoraba el modo de hacerlo. Mantenerse demasiado tiempo juntos en las tierras de la Bifurcación hubiera despertado sospechas. (“De ahí que yo esté tan nervioso, maldita sea...”) así que debían pensar en algo rápido. Sin embargo, no se les ocurría nada. Decidieron que lo mejor sería que cada uno lo pensara detenidamente en su respectivo territorio hasta que a alguno de los dos se le ocurriera algo. Apenados, se prepararon para partir, no sin antes darse su primer beso.

Entonces ocurrió. En ese sincero beso ambos Guardianes se entregaron sus almas, sin saberlo. Cuando ambos abrieron los ojos, según el relato, era como si sus naturalezas se hubieran intercambiado. La Bianco ahora estaba cubierta por las grisáceas y ajadas túnicas sobre el ajustado mono negro y botas de los Nero, mientras que el Nero vestía con el sudario prístino, la larga capa también blanca y las sandalias doradas que presentan lo Bianco varones. Al verse mutuamente, instintivamente volvieron a su estado original, debido al sobresalto del cambio tan repentino. Al parecer, y según la historia, ambos podían cambiar su aspecto a voluntad. Así, comenzando por una visita de él a Guardaluz, comenzó su romance.

Dimahl enrolló el pergamino ignorando el final del relato.

- No me fío... – se quedó escrutando unos segundos el papiro. - ¿Quién se supone que ha escrito esto..?

- El relato es anónimo... – respondió Nahara – Lo encontré en una sección de historias de colaboración entre clanes, pero no sé nada del autor... En cualquier caso... ¿por qué debería importar eso...?

- Esto parece demasiado conveniente... Como si quisiera ser encontrado, ¿no crees? Vamos, no me digas que no te escama. – miró a Nahara.

- Sois muy desconfiado, Nero... – respondió ésta.

- Desconfiar es lo mío, pequeña... además, para que esto funcione debe de ser un beso sincero – giró la cabeza y se encogió de hombros, mientras sonrió – Tú solo me produces una brutal indiferencia...

Nahara se acercó a Dimahl, refunfuñando.

- Para mí esto tampoco es algo agradable, estúpido engreído... – con una mano, asió el mentón del Nero y le obligó a mirarla – Pero si queréis ver el territorio de Guardaluz más os vale que pongáis de vuestra parte.

Dimahl la miró a los ojos y suspiró: realmente no tenía más remedio.

Acercó su cabeza rápidamente hacia la de Nahara y le dio un fugaz beso en los labios con brusquedad. A ella aquello no le hizo ninguna gracia, y le miró con una mueca de ira. Dimahl apartó la mirada y espetó:

- ¿Ves? ¡No funciona! – y se cruzó de brazos.

La respuesta de Nahara fue una sonora bofetada en la mejilla del Nero que casi le arranca la cabeza.

jueves, 4 de octubre de 2007

My mom's me number one fan...

Ninios y ninias!

os recuerdo que sigue en pie el concurso de fanarts de Follow the Leader y ya me estan llegando los primeros dibujoncios. Os los muestro para que sus motiveis o sus acabes de deprimir al ver que SOIS UNOS INEPTOS INCAPACES DE COGER UN JODIDO LAPIZ!!!

ajiem...

advierto a todos lo sque no hayan leido el relato (que sois pocos de los uq eme conoceis..) y a todos aquellos a los que no os intetrese (esos si que sois muchos..) que las imagenes suponen spoilers.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡SPOILERS!!!!!!!!!!!

Así que leed el relato desde el principio, o ¡¡¡LARGO!!!

En primer lugar, el primero primerisimo, mandao pr mi querida queridisima Dev


De cuando el prota se da cuenta de que es malo maloso.

Y por último, pero no por ello el peor, el que me ha mandado mi no menos queridísima Kei


De cuando el Chico... bueno, esas cosas... >.<

En fin, asi está la cosa por el momento. Recuerdo que es hasta el diez de noviembre. ¡¡Animo!!

lunes, 1 de octubre de 2007

Requiem to a Missing Heartbeat

Detrás de cada esquina
Tras cada palabra que leo
En cada paso que doy
Noto tu ausencia

En cada triste sonrisa que dibujo
En cada triste palabra que escribo
En cada triste dia que vivo
Tu ausencia me corroe

En cada retazo de belleza
En cada bocanada de aire que me llene
En cada consiguiente suspiro
Tu ausencia me mata lentamente

En cada rayo de luz
En cada sutil reflejo
En la mas profunda de las oscuridades
Tu ausencia acaba conmigo

Me miras y mi vida se apaga
Me ignoras y mi vida se disuelve
Respirar me pesa cada vez más
Y la idea de rendirse es tentadora

Detrás de cada esquina
Tras cada palabra que leas
En cada paso que das
Te observo entre tinieblas

En cada sonrisa que dibujas
En cada palabra que escribas
En cada dia que vivas
Te recordaré apesadumbrado

Mi ingenuo corazón te sigue buscando
Incapaz de admitir la derrota
Mientras mi cabeza sigue consciente
De tu maldita, maldita ausencia

Mi roto corazón te sigue buscando
Incapaz de ver que acabaste con él
Mientras mi orgullo sigue luchando
La más perdida de las batallas

Cada suspiro son ganas de vivir que se van
Cada latido es un tic-tac que se agota
Cada lágrima es parte de mí que se derrama
Llévame pues, Caronte. Rema hasta mi salvación.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Duh...?

Entré por el portón de la caseta de mi perro. En su interior el cielo estaba estrellado, así que decidí dar un paseo matutino con mi ornitorrinco viudo. Le puse la cadena alrededor de su antena central y tiré de su cola caballuna hacia el exterior del cobertizo. El sol brillaba muy fuerte, así que cogi un paraguas porque habia empezado a llover. Mi delfín amaestrado correteaba con sus multiples patas saltando hacia abajo moviendo su peluda cola tristemente mientras aullaba de felicidad. Cuando llegué al parque al que no quería ir, me quedé en él, sentado sobre el cesped del frio banco de madera mientras mi cebra correteaba por el rio de nocilla cercano. A mi lado, a unos diez kilómetros, había una señora calva de largos cabellos. Su embriagadora belleza me repugnó hasta tal punto, que di los dos pasos que me separaban de ella y le escupí en la cara. Encantada, me pidió una cita, que acepté de inmediato. Tras intercambiar nuestras tallas de zapatos, me despedí de aquel venerable anciano y recogí a mi papagallo de aquel cenagal y tras sacar mi monovolumen del bolsillo volvimos a casa volando en moto. Una vez llegué a la oficina guardé mi tamagochi en mi fosa nasal y observé el hormiguero de mi escritorio. Asombrado, vi como las jirafas que trabajaban en aquella fabrica de galletas planchaban zapatos con mucha diligencia. Decidí que no podía seguir viendo aquella matanza inmisericorde y me di la vuelta para ver cómo un tornado rosa acababa con los 19 habitantes de Winsconsin, que vivían en un paraguas al lado de mi alcantarilla. Encantado al verles tirarse a sí mismos por la cadena, se me ocurrió que tal vez podria pensar en que quizas cupiera la posibilidad de que a lo mejor podría hacer el pino sobre una uña de la mano del pie izquierdo. Mientras divagaba, lamiendo distraidamente mi codo, pude ver que había una montaña de papeles sobre una musaraña con tutú. "Debe de estar muy estresado ese señor con bigote", pensé. Ello me produjo tal regocijo que bailé el limbo hasta alcanzar mi altramuz favorito, que estaba dentro de mi calcetin violáceo. Lo miré sensualmente hasta que, en éxtasis, salté por mi balcón hasta que el suelo se acercó lo suficiente. Inciso: a mi avestruz manca le dió mucha pena...




Una persona
Un teclado
Un mal día
No me juzgueis...

domingo, 23 de septiembre de 2007

Male Model of the Year

En una época en la que todo el mundo reflexiona sobre todas las cosas, quisiera dar una opinión. No la mía. La de alguien quizas más adecuado.

¡¡La de Derek Zoolander!!

Zoolander es una peli que tiene ya unas cuantas primaveras. Protagonizada por Ben Stiller ("Los padres de Ella"), trata de un supermodelo masculino tirando a lelo que, tras perder el que podria haber sido su cuarto titulo consecutivo de Modelo Masculino del Año, pasa a formar parte de una conspiracion de la industria de la moda que no pienso desvelar por si alguien quisiera ver la peli.

La principal caracteristica de su éxito fueron sus "miradas" (expresiones que pone cuando posa) como por ejemplo:

ACERO AZUL




o LE TIGRE (que es más, según él, para catálogos de zapatos)



Los más avispados habreis deducido que son las mismas exactamente, pero si, tiende a llamarlas diferentes...

El caso es, que en los extras del DVD vienen un güevo de videos promocionales de la peli, y en algunos de ellos dice lo que piensa sobre determinados aspectos. Me gustaria haber conseguido los videos pero, no solo no los he encontrado, sino que ademas hubiera sido en perfecto ingles, ya que no tienden a doblar estas cosas.

Sin más, os transcribo literalmente estas perlas:


LO QUE PIENSA ZOOLANDER DEL RACISMO

"El racismo es tonto, y poco cool. ¿Qué más da de qué color sea la piel, mientras se sea muy muy muy muy guapo?"

LO QUE PIENSA ZOOLANDER DE LAS CITAS

"Primero, sé muy muy muy muy guapo. Segundo... ... ... bueno, realmente eso es todo..."

LO QUE PIENSA ZOOLANDER DE LA GLOBALIZACIÓN

"La mitad de la población mundial es agua. El otro 96% es trigo... pero simplemente no es suficiente. Pensad en ello. No, pensad VOSOTROS en ello"

LO QUE PIENSA ZOOLANDER DEL HAMBRE MUNDIAL

"Los modelos tienden a pasar hambre, y eso es bueno. Porque hace que parezcan delgados y cools. Pero a veces, pasan demasiada hambre, haciendo que parezcan esqueletosos. Gracias"

LO QUE PIENSA ZOOLANDER DE LA LITERATURA

"La gente se siente avergonzada de coger revistas de moda, porque creen que están llenas de palabras difíciles que les parecen animales aterradores. No tengais miedo, las palabras solo os harán daño si intentais leerlas. No jugueis a su juego..."

LO QUE PIENSA ZOOLANDER DE LA EDUCACIÓN

"La educación es importante, porque los niños son el futuro. Y ese futuro depende de los niños del presente, que hacen el futuro para cuando el presente se vaya. Así que educad a los niños del futuro, por el bien del presente."


Bueno, eso es todo. Espero que ahora seais... un poco más sabios.




P.D. ¿Quereis ver algo escalofriante...?



Gracias, Pote, por demostrarme que mi destino quizás sea acabar así...

lunes, 17 de septiembre de 2007

The Sandwatch IV

- Decidme, mis queridos conciudadanos, ¿qué opináis del tiempo?

Los aldeanos no se esperaban esta respuesta, si bien lo que esperaban en aquel momento era el fin del mundo. Su incertidumbre ante la inusual pregunta no sustituyó al miedo que sintieron desde que vieron aparecer de nuevo al Diablo.

- En vista de la escasa colaboración... – el extraño se encogió de hombros – espero que os sirva mi humilde opinión. El tiempo... es lo único que realmente tenemos. Pienso que, junto a la muerte, que no es más que el cese de dicho tiempo, nos hace igual a todos los seres, no solo a los egocéntricos humanos.


>> Así pues – el Diablo continuó ante las intrigadas expresiones de sus espectadores – siendo así, ¿consideráis al tiempo como vuestro enemigo?

El silencio seguía siendo sepulcral. El enmascarado suspiró y bajó sus hombros, en una exagerada expresión de decepción.

>> “ Oh, por supuesto que no Señor Diablo” – el Diablo agudizó su voz e hizo gestos infantiles, como imitando a un niño. – “¿Por qué deberíamos considerar nuestro enemigo a nuestra única posesión segura?” – de pronto, tornó a sus peculiares gestos habituales - ¡Exacto! ¡Muy bien, pequeño! – se respondió a sí mismo - ¿en qué desembocaría una situación así?

Esta vez el Diablo no esperó una respuesta. Se limitó a apoyarse con una mano en uno de las serpientes que ornamentaban al reloj de arena.

>> Permitidme responder a eso – Carraspeó – Miedo... – y miedo era lo que ahora mismo pudo observar en las caras de los aldeanos. – Os puse a prueba, mis queridos conciudadanos. Os concedí tres días de tiempo para comprobar cómo valoraríais el tiempo si fuerais conscientes de él. Y he ahí cuando la auténtica naturaleza humana aflora... – al pronunciar estas palabras, su voz esta vez sí denotaba decepción. – El egoísmo implícito en el instinto de autoconservación del corazón de los humanos saca a relucir las caras más oscuras de las personas. Crueldad, cobardía... Éstas son siempre respuestas habituales al impulso del miedo. Mejor dicho... respuestas al miedo que no sois capaces de afrontar.

La mayoría de los aldeanos que escucharon aquellas palabras bajó su cara, avergonzado. Se pudo oír el sollozo de alguno de los niños.

- Pero afortunadamente la naturaleza del ser humano presenta una cierta dualidad – el Diablo prosiguió con su soliloquio, levantando la cabeza. – algunos sí comprendisteis mi intención al realizar esta macabra pantomima.

Esta vez el alcalde sí reaccionó.

- ¿P-pantomima...? – el miedo estaba dejando paso a la indignación.

- ¡Cielos! – el Diablo exageró su sorpresa - ¡Cuan agradable resulta el sonido de una voz ajena a la mía! Efectivamente, el mundo hoy no llegará a su fin.

Extrañamente, en primera instancia, nadie mostró señales de alivio en su expresión. El enmascarado se rascó la cabeza.

- ¿Cómo...preferían que así hubiera sido...? – rió sonoramente – En fin... antes de que decidan lincharme, proseguiré. Así como el miedo al paso del tiempo ha traído consigo lo más oscuro de los humanos, algunos sí habéis comprendido que no importa cuánto nos quede – barrió con la mirada a todos los aldeanos que permanecieron allí – lo que importa es cómo decidimos vivirlo.

Los aldeanos se tomaron un tiempo para rumiar aquellas palabras, momento que el Diablo aprovechó.

- He de marchar, queridos conciudadanos – acarició la parte de cristal del reloj a medida que añadió – os dejo este presente para que no olvidéis nada de lo sucedido. Para que... el tiempo no lo borre.

Dicho esto, comenzó a caminar hacia las puertas de la aldea, que los exiliados dejaron abiertas.

- Así que... – el alcalde se dirigió al enmascarado – vos no sois el Diablo, ¿no es cierto? – todos los aldeanos le observaban marchar. Detuvo su avance y se giró para dirigirse por última vez a ellos.

- Je je je... el Diablo... Tanto Él como Dios están dentro de cualquiera que se lo plantee.

Dicho esto, marchó.

Los aldeanos permanecieron un rato en la plaza, observando el reloj, símbolo de tanto siendo tan simple.

- ¿Y por ésta estúpida perorata condena a nuestra aldea al abandono? – un padre de familia habló, tras un largo silencio
- Los que marcharon no merecían vivir aquí – respondió el alcalde. Seguidamente sonrió. – Nos las apañaremos sin ellos.

La pequeña del alcalde aprovechó ese momento de distracción para correr hacia las puertas de la aldea. No entendía muy bien lo que había pasado, pero quería despedirse de aquel señor tan divertido y raro. Unos cuantos metros pasadas las puertas pudo ver la silueta del Diablo , con su capa y su alto sombrero de copa, caminando por un polvoriento camino.

- ¡Señor Diablo! – gritó la niña.

El extraño se detuvo, y se dio la vuelta lentamente. A pesar de no llevar la máscara, la mitad de su rostro seguía cubierta por el ala del sobrero. Sólo se le veía su boca. Estaba sonriendo.

- Yo quería... – la despedida de la hija del alcalde se vio interrumpida por un movimiento de mano del extraño. Éste se metió una mano en la túnica y sacó de allí un pequeño objeto, que lanzó al aira en dirección a la niña. Ésta, dificultosamente, logró atraparlo al vuelo.

Se trataba de una réplica en miniatura del reloj de arena de la aldea.

- Disfrutad de vuestro tiempo, pequeña. – el extraño levantó el ala de su sobrero, revelando un par de ojos que el brillo de la luna reflejaba de un color amarillo ambarino.

La niña volvió a mirar el reloj, volteándolo y viendo como la prístina arena fluía de una mitad a la otra.

Cuando quiso agradecerle el obsequio al extraño, éste había desaparecido

FIN