Estaba en la puerta de la habitación de mi compañera de piso, pegándole suaves golpes a la puerta porque sabía que me arrepentiría de lo que por otra parte me moría de ganas de hacer.
Desde poco después de que respondiera a mi anuncio en búsqueda de alguien con quien compartir un piso cerca de la universidad estoy enamorado de ella. Anoche salió mientras yo me quedé estudiando para un examen cercano. Ella no suele beber demasiado, pero a juzgar por los tumbos que oí a altar horas aquella vez debió de haberse pasado. Su ropa estaba toda tirada por el suelo y ella dormía plácidamente sobre su cama de sábanas blancas.
Dormía profundamente…
Titubeando, me adentré en su cuarto y me senté junto a ella en la cama. Con suavidad le acaricié la cabeza. Su pelo corto y rubio estaba aun algo engominado. No reaccionó, su sueño era realmente imperturbable. Con la mano temblorosa le bajé la fina sábana que cubría su cuerpo.
Dios… ni siquiera pensé en una excusa que explicara mi presencia allí si hubiera despertado.
Estábamos a finales de mayo y ya hacía un calor bochornoso, incluso por las noches. Por eso ella tan solo llevaba una camisa de pijama de manga corta y unas leves braguitas tanga de encaje rojo y algo transparente. Aquella visión acabó de despertar en mí los instintos más bajos y pueriles. Seguí bajando la sábana hasta la mitad de sus carnosos muslos y los acaricié con delicadeza a medida que mi mano ascendía por su cuerpo.
La camisa de su pijama era holgada y estaba mal abotonada, seguramente debido al estado de embriaguez en el que se desvistió. Poco a poco fui desabrochando los botones, de arriba abajo, hasta que por fin pude apartarla. Tragué saliva: ya lo había notado, pero no llevaba sostén. Sus pechos eran generosos y caían ligeramente con naturalidad. Ahogué un jadeo y paseé lentamente mi mano desde su vientre hasta su seno derecho. Lo acaricié con suavidad, como si se fuera a romper hasta que, en un arrebato, lo apreté ligeramente observando como sobresalía entre mis dedos. Me permití pasar un dedo por su rugoso pezón rosado, pero antes de que éste comenzara a sobresalir aparté la mano. Tenía un lunar junto a la aureola de ese mismo pecho.
Me fijé en sus labios, carnosos y aun con algo de carmín desgastado. Acerqué mi cabeza y rocé, casi con pánico, la comisura de sus labios con los míos.
Me di cuenta de que mi mente se estaba perlando cuando bajé la mirada de nuevo. Bajo las finísimas braguitas se intuía el vello de sus bajos. Puse mi mano en su cadera, con un dedo bajo el escaso hilo de su ropa interior y descendí. Casi como si lo hicieran solas, sus rojas braguitas acompañaron a mi mano por un lado, ligeras. Me recreé unos segundos viendo su vello púbico casi en su totalidad, así como el surco del hueso de su cadera.
Casi sin pensar, bajé mi cabeza y comencé a besarle el vientre con suavidad, cuidando que no reaccionara, que siguiera durmiendo. Humedecía mis labios a cada beso para que mi tacto fuera más suave y para probar el sabor de su vientre. Sin dejar de besarla, descendí hasta llegar a la cadera, hasta notar su vello en mi mentón.
Entonces se movió.
Tuve que detenerme, se estaba removiendo en la cama. Su expresión seguía siendo plácida y se movió ligeramente cerrando y frotando sus muslos, en un gesto que se me antojó como el más sensual que jamás había contemplado.
Y fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo. De en qué me estaba convirtiendo. De que no sería capaz de volver a mirarme al espejo si hacía lo que cada fibra de mi cuerpo me estaba pidiendo probar.
Aquella misma tarde, antes de que despertara, me fui de aquella casa. Ni una explicación. Ni una triste nota. Mucho menos una confesión.
Nunca más la volví a ver.
No grave will hold me...
Os estoy vigilando...
viernes, 30 de abril de 2010
martes, 27 de abril de 2010
Unhinged
Realmente mi No-No-Cumpleaños es en Junio, pero ¿a que hubiera sido gracioso?
Perdón por mi ausencia últimamente. La acuciante sequedad de ideas que sufro últimamente se suma a la proximidad inminente de los exámenes. ¡Pero no sus abandonaré!
¡Vivediós que no lo haré!
miércoles, 14 de abril de 2010
The Nether, Chapter XVI: Ignorance
Bueno bueno bueno, damas y caballeros. Después de más de un año de no continuarlo (que no de no escribirlo) cuelgo el esperado (esperado por mí, no os podéis ni imaginar el agobio que tenía por lo atascadisimo que estaba) siguiente capítulo de The Nether. No sin antes hacer un pequeño resumen.
AVISO: este resumen es muy somero, y va dirigido a la gente que ya se haya leído el relato. Los que no lo hayan hecho es posible que no entiendan el hilo argumental.
Resumen:
Cuando alguien muere su alma no cae en el olvido. Al menos, no directamente. Todo ser humano será juzgado el día de su muerte, por una entidad conocida simplemente como el Juez. Los puros irán a Guardaluz,un territorio paradisíaco guardado por los agentes del Juez, los Bianco. Los malvados, por el contrario, serán conducidos a Nocheeterna, guardada por los otros agentes del Juez, los siniestros Nero.
El Nero Dimahl consigue convencer a la Bianco Nahara para que intercambien sus puestos, algo completamente prohibido, para poder así conocer la "otra cara" del ser humano. La manera de hacerlo conllevaba compartir sus mismas almas, mediante un beso.
Así, Nahara descubre el yermo de noche sempiterna donde habitan los Nero, y donde lo único que brilla es la Luna reflejada en la guadaña de éstos. Aquellos cautivos allí, siempre bajo la mirada de sus captores, son torturados, encerrados o abandonados a su locura. Una macabra estructura, conocida como la Torre de la Redención, reúne en su pico una espiral de niebla, que no es otra cosa que las almas de los reos que han caído en la propia Nocheeterna. Cuando esto ocurre en la propia Torre, según le explican a Nahara, pueden materializarse de nuevo para seguir siendo torturados, o elegir caer en el Olvido, un ser sumergido en niebla y que está compuesto por todas las almas lleguen a él. Además, Nahara descubre horrorizada a una mujer que, con el rostro cubierto, flota en la luz de la Luna, vigilando a todos los Nero.
Dimahl, en Guardaluz, descubre la paz que rodea el lugar, y es seguido durante toda su estancia en ese lugar por un simpático perro que no hace más que ponerle de los nervios. Allá conoce una cara desconocida de Guardaluz: los Arcángeles. Soldados enmascarados que vigilan por la paz del territorio de los Bianco. Así, se ve obligado a camuflarse entre ellos para ocultar su rostro.
Dimahl y Nahara escuchan las historias sobrecogedoras de las almas humanas, comprendiendo así que existe algo más que lo que ellos creían conocer.
Sin embargo, Dimahl no fue sincero.
Una intención desconocida le llevó a realizar su arriesgada empresa. Además, Caronte, el barquero que lleva las almas al Juez, descubre que éste ha desaparecido. Nahara ha comenzado a verse afectada por su estancia en Nocheeterna, y Dimahl descubre el Guardaluz cosas de su propia Nocheeterna que él mismo desconocía.
¡La historia continua! ¡Espero que lo disfrutéis!
____________________
Dimahl caminó durante una cantidad de tiempo que fue incapaz de definir. A él, por lo menos, se le antojó eterno. Pensaba, turbado y atribulado, en las palabras de Latvian.
Resultaban absurdas, evidentemente no podían tener sentido.
“Dicen que se ha ganado el favor de la Dama Luna”
“¿La Dama Luna?”, pensó el Nero, “¿Pero de qué demonios está hablando?”
No pudo preguntarle al tabernero, que también parecía absorto, porque no tardó en echarle de su local. Y no quiso preguntarle a nadie más, porque no quería llamar la atención más de lo que ya lo había hecho. Pero en su cabeza las preguntas estaban comenzando a presionar contra sus sienes. ¿Quién se supone que era aquella mujer y cuáles eran sus cualidades e intenciones? ¿Por qué tenía aquella sensación de que el propio Dimahl era el único que no sabía nada, si hasta Nahara había estado ante ella? ¿Sabría algo?
¿Y qué relación parecía tener con Yorüen?
La hierba fresca les daba el característico sonido susurrante a los pasos del desorientado Nero. Y tal fue así que, sin que siquiera se diese cuenta, se encontró a sí mismo frente a las gigantescas puertas de piedra tallada de Nocheeterna. La tranquilidad de la noche le rodeaba como abrazando a su tumultuoso y confundido interior. También se percató de que el perro que siempre le seguía se hallaba sentado junto a él, mirándole con unos ojos cubiertos por su flequillo y con la lengua fuera. Jadeaba.
Aun vestía las ropas de quienes habitaban en aquel lugar, así que se acercó al umbral y las puertas se abrieron con aquel pavoroso sonido agónico.
- Quédate aquí – le ordenó al animal, sin mirarle.
El perro se tumbó con la cabeza entre las patas y gimió, como cansado de recibir siempre la misma orden.
Todo seguía igual, todo era familiar. El mismo aire, el mismo abiente, la misma gente y la misma luz. Y sin embargo no lo era. Los dos Nero que flanqueaban la entrada le siguieron con la mirada en silencio, con sus ojos perdidos bajo la negrura de sus capuchas. Dimahl continuó caminando con la visa fijada en la Torre de la Redención que, como siempre, estaba rodeada por una espiral de niebla que confluía en su cima. Como siempre…
Mirándose sus manos vacías convocó a su guadaña, que se materializó a partir de su parca cuando se fundió en una fina neblina. La textura del cayado, el brillo de la hoja, su peso. Hasta la sensación de poder que le otorgaba era la misma.
Aquí y allá veía a más Nero ya fuera solos o acompañados por reos aterrorizados, agonizantes, enloquecidos o todo a la vez. De vez en cuando, si se quedaba quieto con la mirada fija en ninguna parte, podía ver volutas de niebla fluir raudas hacia la Torre para unirse a la espiral que convergía en su pico. Las almas de los reos que han caído a manos de los Nero, ya fuera porque habían ofrecido resistencia o porque su captor era más sádico de lo debido.
Dimahl suspiró. Todo parecía igual. Todo igual. Incluso el brillo de la Luna.
Llevaba ya un largo rato en Nocheeterna y ya se había acostumbrado a la brillante luz perlada de la Luna. Solía pasarse sus ratos libres apoyado en alguno de los alféizares de las ventanas de la Torre, observándola. La luz del Sol de Guardaluz hería sus ojos, pero la Luna le agradaba.
“La Dama Luna… Una mujer que observa a través de la Luna.”
No veía nada. Tan solo el enorme círculo blanco en el cielo.
“Es una estupidez…”
Hastiado dejó caer los hombros y volvió de nuevo a las puertas con paso resuelto. Espetó a los guardias y se dirigió al camino crepuscular que llevaba directo a Guardaluz. Una vez fuera de la puerta le dio un par de palmadas al lomo del perro que le recibió alegre con un par de ladridos y comenzó a seguirle de nuevo.
Tal vez fuera por la mitad del alma de Nahara que habitaba en su interior. Quizás fuera por la cantidad de tiempo que había pasado con los Bianco o sólo por la paz que parecía casi tangible en Guardaluz. Cualquiera de esas razones parecía poder explicar la sensación de desplazamiento que acababa de sentir en Nocheeterna. Comenzaba a preguntarse si su misión valía la pena, aunque sólo fuera por cómo comenzaba a sentirse en su hogar. O por poner a Nahara en peligro.
Su determinación flaqueó un instante.
Volvió en sí una vez el resplandor de Guardaluz comenzó a cegarle. Cambió su apariencia por el sudario blanco con capa con un pensamiento y se adentró una vez más.
Ya se había familiarizado con aquel entorno salvo, quizás, por el brillo del sol. Era hora de ponerse serios y comenzar a buscar. Aunque no sabía cómo iba a reconocer a quien estaba buscando.
Parecía una empresa de locos buscar a una sola persona en toda la inmensidad de Guardaluz. Sin embargo esa locura encerraba algo mucho más enrevesado y retorcido. ¿Cómo era posible que Dimahl, que únicamente tenía recuerdos como Nero, supiera de alguien del territorio de los Bianco? Esperaba que, quien quiera que fuera la persona que buscaba, tuviera la respuesta, si bien no la conocía.
A decir verdad, mientras Dimahl recorría sin rumbo las tierras de Guardaluz, fijándose aquí y allá en quienes lo habitaban, reflexionó. La sensación que despertaba el rostro que súbitamente apareció en la mente del Nero era la opuesta a la que sentía ahora al entrar en Nocheeterna. Era una sensación familiar de procedencia desconocida, pero que le impelía a saber más.
Dimahl caminaba ahora por los campos de amapolas donde conoció a Nirnarëth. Echó un vistazo rápido, pero no parecía que ella estuviera por allí aquella vez. Y con sus ropas negras le habría llamado la atención. El perro correteaba de un lado a otro haciendo cabriolas y disfrutando del espacio abierto.
Lo que a Dimahl sí le llamó la atención la presencia de un Arcángel, de pelo largo y pajizo, de espaldas a él. Éste le dirigió una mirada, alertado por los ladridos alegres del perro y el Nero pudo ver su máscara, fría e inexpresiva como siempre; la misma que supuestamente debería llevar él en todo momento. Una vez el Arcángel se hubo asegurado que la fuente de alboroto no era peligrosa, volvió la vista a aquello que estaba observando. Por curiosidad, Dimahl se dirigió hacia él, no sin mantener cierta distancia.
A unos veinte metros de ambos había una mujer, apoyada a los pies de un almendro en flor. Estaba acuclillada y parecía sufrir los espasmos propios de los sollozos y el llanto. Todavía más lejos, en otra dirección, otro Arcángel observaba a la misma mujer.
Dimahl sabía que tenía que pasar desapercibido, pero algo le empujaba a acercarse a ella. Rodeándola, se colocó frente a ella, a una distancia suficiente como para poder verla con claridad mientras la observaba como un Arcángel más. Se trataba de una joven, o al menos aquella era la apariencia que había adquirido tras su muerte. Balbuceaba entre sollozos.
Tal vez por el nerviosismo de la mujer o por la distancia, Dimahl era incapaz de entenderla. Los Arcángeles seguían observando en silencio, con ojos vacíos y las expresiones igualmente vacuas de sus máscaras. La imperiosa necesidad de acercarse aumentaba. Sin embargo, hacerlo al descubierto era demasiado arriesgado: su rostro podía delatarle.
Las divagaciones acerca de las palabras de Latvian desaparecieron, ahogadas por la tensión del momento. Pensó en Nirnarëth, pensó en su máscara, la necesitaba. Con sutileza, Dimahl miró a su alrededor. La había arrojado en aquel campo de amapolas, pero era demasiado extenso y frondoso y no recordaba el punto exacto de su encuentro con Nirnarëth. Instintivamente se miró las manos vacías y recordó cómo apenas unos momentos antes había invocado a su guadaña. Entonces pensó.
Con la misma reacción que en Nocheeterna provocaba su parca, los extremos de las mangas del sudario se fundieron un instante, materializando así, de igual manera que con su arma, una máscara blanca similar a la del resto de Arcángeles. Sus mangas, además, también se alargaron, cubriendo sus manos. Con un suspiro se colocó la máscara en el rostro y dejó caer sus brazos. Su apariencia, entonces, se camufló con la del resto.
No le dejó de resultar extraño lo similares que eran las cualidades de los Nero y de los Arcángeles. O más bien, de los Bianco en general.
Dimahl volvió a mirar con disimulo al resto de los enmascarados que observaban a la mujer. Aparentemente ninguno se había percatado de su sutil cambio de apariencia. El perro parecía distraído interrumpiendo el vuelo nupcial de un par de mariposas a base de ladridos juguetones. Aquella parecía ser la oportunidad idónea del Nero camuflado para acercarse a la mujer.
Seguía llorando abrazada a sus rodillas. Aun balbuceaba, solo que aquella vez podía entenderla.
- Mi… mi hijo… – decía.
Dimahl se acercó hasta ponerse a su altura. Se sintió observado por el resto de los Arcángeles, pero los ignoró.
- ¿Le ocurre algo, mujer? – su pregunta estaba más movida por la curiosidad que por la compasión.
Fue ignorado.
- Mi hijo… no está conmigo… – repetía.
El Nero sintió la necesidad de preguntarle, pero en el estado en el que se encontraba aquella joven, sabía que volvería a ignorarle. Sin embargo, ella siguió hablando.
>> No está conmigo. Le echo de menos. Le echo de menos. Le echo de menos. Ojalá. Ojalá. Ojalá…
Dimahl estaba comenzando a sentirse incómodo. Y ni siquiera se había dado cuenta de que el resto de Arcángeles habían dado un paso hacia ellos.
>> Ojalá no le hubiera salvado…
- ¿Qué…? – aquello le pilló por sorpresa.
- ¡Ojalá hubiera muerto! – gritó.
La mujer se levantó de repente, iracunda, pegándole un puñetazo al nudoso e irregular tronco del almendro. Entonces Dimahl vio algo que no había visto jamás, ni allí ni en Nocheeterna. Algo que, tuvo que admitir, le pilló por sorpresa y le aterrorizó: como su una capa de la niebla propia de Nocheeterna los cubriera, sus ojos brillaban con un cadavérico tono grisáceo e irregular.
>> ¡OJALÁ LE HUBIERA MATADO YO MISMA!
Dimahl retrocedió. No había visto nunca algo así. Tampoco había oído hablar de nada parecido.
>> ¡ASÍ ESTARÍA CONMIGO!
Miró a su alrededor. Todos los Arcángeles cercanos habían formado un círculo alrededor de ambos. Algunos miraban a la mujer. Otros, le miraban a él. Entonces lo comprendió.
Él nunca había visto el cambio de aquella clase de personas. Solo el resultado final, su llegada a Nocheeterna.
Aquella mujer era una “gris”.
Y los Arcángeles esperaban que Dimahl la llevara, a favor o en contra de su voluntad, a Nocheeterna.
AVISO: este resumen es muy somero, y va dirigido a la gente que ya se haya leído el relato. Los que no lo hayan hecho es posible que no entiendan el hilo argumental.
Resumen:
Cuando alguien muere su alma no cae en el olvido. Al menos, no directamente. Todo ser humano será juzgado el día de su muerte, por una entidad conocida simplemente como el Juez. Los puros irán a Guardaluz,un territorio paradisíaco guardado por los agentes del Juez, los Bianco. Los malvados, por el contrario, serán conducidos a Nocheeterna, guardada por los otros agentes del Juez, los siniestros Nero.
El Nero Dimahl consigue convencer a la Bianco Nahara para que intercambien sus puestos, algo completamente prohibido, para poder así conocer la "otra cara" del ser humano. La manera de hacerlo conllevaba compartir sus mismas almas, mediante un beso.
Así, Nahara descubre el yermo de noche sempiterna donde habitan los Nero, y donde lo único que brilla es la Luna reflejada en la guadaña de éstos. Aquellos cautivos allí, siempre bajo la mirada de sus captores, son torturados, encerrados o abandonados a su locura. Una macabra estructura, conocida como la Torre de la Redención, reúne en su pico una espiral de niebla, que no es otra cosa que las almas de los reos que han caído en la propia Nocheeterna. Cuando esto ocurre en la propia Torre, según le explican a Nahara, pueden materializarse de nuevo para seguir siendo torturados, o elegir caer en el Olvido, un ser sumergido en niebla y que está compuesto por todas las almas lleguen a él. Además, Nahara descubre horrorizada a una mujer que, con el rostro cubierto, flota en la luz de la Luna, vigilando a todos los Nero.
Dimahl, en Guardaluz, descubre la paz que rodea el lugar, y es seguido durante toda su estancia en ese lugar por un simpático perro que no hace más que ponerle de los nervios. Allá conoce una cara desconocida de Guardaluz: los Arcángeles. Soldados enmascarados que vigilan por la paz del territorio de los Bianco. Así, se ve obligado a camuflarse entre ellos para ocultar su rostro.
Dimahl y Nahara escuchan las historias sobrecogedoras de las almas humanas, comprendiendo así que existe algo más que lo que ellos creían conocer.
Sin embargo, Dimahl no fue sincero.
Una intención desconocida le llevó a realizar su arriesgada empresa. Además, Caronte, el barquero que lleva las almas al Juez, descubre que éste ha desaparecido. Nahara ha comenzado a verse afectada por su estancia en Nocheeterna, y Dimahl descubre el Guardaluz cosas de su propia Nocheeterna que él mismo desconocía.
¡La historia continua! ¡Espero que lo disfrutéis!
____________________
Dimahl caminó durante una cantidad de tiempo que fue incapaz de definir. A él, por lo menos, se le antojó eterno. Pensaba, turbado y atribulado, en las palabras de Latvian.
Resultaban absurdas, evidentemente no podían tener sentido.
“Dicen que se ha ganado el favor de la Dama Luna”
“¿La Dama Luna?”, pensó el Nero, “¿Pero de qué demonios está hablando?”
No pudo preguntarle al tabernero, que también parecía absorto, porque no tardó en echarle de su local. Y no quiso preguntarle a nadie más, porque no quería llamar la atención más de lo que ya lo había hecho. Pero en su cabeza las preguntas estaban comenzando a presionar contra sus sienes. ¿Quién se supone que era aquella mujer y cuáles eran sus cualidades e intenciones? ¿Por qué tenía aquella sensación de que el propio Dimahl era el único que no sabía nada, si hasta Nahara había estado ante ella? ¿Sabría algo?
¿Y qué relación parecía tener con Yorüen?
La hierba fresca les daba el característico sonido susurrante a los pasos del desorientado Nero. Y tal fue así que, sin que siquiera se diese cuenta, se encontró a sí mismo frente a las gigantescas puertas de piedra tallada de Nocheeterna. La tranquilidad de la noche le rodeaba como abrazando a su tumultuoso y confundido interior. También se percató de que el perro que siempre le seguía se hallaba sentado junto a él, mirándole con unos ojos cubiertos por su flequillo y con la lengua fuera. Jadeaba.
Aun vestía las ropas de quienes habitaban en aquel lugar, así que se acercó al umbral y las puertas se abrieron con aquel pavoroso sonido agónico.
- Quédate aquí – le ordenó al animal, sin mirarle.
El perro se tumbó con la cabeza entre las patas y gimió, como cansado de recibir siempre la misma orden.
Todo seguía igual, todo era familiar. El mismo aire, el mismo abiente, la misma gente y la misma luz. Y sin embargo no lo era. Los dos Nero que flanqueaban la entrada le siguieron con la mirada en silencio, con sus ojos perdidos bajo la negrura de sus capuchas. Dimahl continuó caminando con la visa fijada en la Torre de la Redención que, como siempre, estaba rodeada por una espiral de niebla que confluía en su cima. Como siempre…
Mirándose sus manos vacías convocó a su guadaña, que se materializó a partir de su parca cuando se fundió en una fina neblina. La textura del cayado, el brillo de la hoja, su peso. Hasta la sensación de poder que le otorgaba era la misma.
Aquí y allá veía a más Nero ya fuera solos o acompañados por reos aterrorizados, agonizantes, enloquecidos o todo a la vez. De vez en cuando, si se quedaba quieto con la mirada fija en ninguna parte, podía ver volutas de niebla fluir raudas hacia la Torre para unirse a la espiral que convergía en su pico. Las almas de los reos que han caído a manos de los Nero, ya fuera porque habían ofrecido resistencia o porque su captor era más sádico de lo debido.
Dimahl suspiró. Todo parecía igual. Todo igual. Incluso el brillo de la Luna.
Llevaba ya un largo rato en Nocheeterna y ya se había acostumbrado a la brillante luz perlada de la Luna. Solía pasarse sus ratos libres apoyado en alguno de los alféizares de las ventanas de la Torre, observándola. La luz del Sol de Guardaluz hería sus ojos, pero la Luna le agradaba.
“La Dama Luna… Una mujer que observa a través de la Luna.”
No veía nada. Tan solo el enorme círculo blanco en el cielo.
“Es una estupidez…”
Hastiado dejó caer los hombros y volvió de nuevo a las puertas con paso resuelto. Espetó a los guardias y se dirigió al camino crepuscular que llevaba directo a Guardaluz. Una vez fuera de la puerta le dio un par de palmadas al lomo del perro que le recibió alegre con un par de ladridos y comenzó a seguirle de nuevo.
Tal vez fuera por la mitad del alma de Nahara que habitaba en su interior. Quizás fuera por la cantidad de tiempo que había pasado con los Bianco o sólo por la paz que parecía casi tangible en Guardaluz. Cualquiera de esas razones parecía poder explicar la sensación de desplazamiento que acababa de sentir en Nocheeterna. Comenzaba a preguntarse si su misión valía la pena, aunque sólo fuera por cómo comenzaba a sentirse en su hogar. O por poner a Nahara en peligro.
Su determinación flaqueó un instante.
Volvió en sí una vez el resplandor de Guardaluz comenzó a cegarle. Cambió su apariencia por el sudario blanco con capa con un pensamiento y se adentró una vez más.
Ya se había familiarizado con aquel entorno salvo, quizás, por el brillo del sol. Era hora de ponerse serios y comenzar a buscar. Aunque no sabía cómo iba a reconocer a quien estaba buscando.
Parecía una empresa de locos buscar a una sola persona en toda la inmensidad de Guardaluz. Sin embargo esa locura encerraba algo mucho más enrevesado y retorcido. ¿Cómo era posible que Dimahl, que únicamente tenía recuerdos como Nero, supiera de alguien del territorio de los Bianco? Esperaba que, quien quiera que fuera la persona que buscaba, tuviera la respuesta, si bien no la conocía.
A decir verdad, mientras Dimahl recorría sin rumbo las tierras de Guardaluz, fijándose aquí y allá en quienes lo habitaban, reflexionó. La sensación que despertaba el rostro que súbitamente apareció en la mente del Nero era la opuesta a la que sentía ahora al entrar en Nocheeterna. Era una sensación familiar de procedencia desconocida, pero que le impelía a saber más.
Dimahl caminaba ahora por los campos de amapolas donde conoció a Nirnarëth. Echó un vistazo rápido, pero no parecía que ella estuviera por allí aquella vez. Y con sus ropas negras le habría llamado la atención. El perro correteaba de un lado a otro haciendo cabriolas y disfrutando del espacio abierto.
Lo que a Dimahl sí le llamó la atención la presencia de un Arcángel, de pelo largo y pajizo, de espaldas a él. Éste le dirigió una mirada, alertado por los ladridos alegres del perro y el Nero pudo ver su máscara, fría e inexpresiva como siempre; la misma que supuestamente debería llevar él en todo momento. Una vez el Arcángel se hubo asegurado que la fuente de alboroto no era peligrosa, volvió la vista a aquello que estaba observando. Por curiosidad, Dimahl se dirigió hacia él, no sin mantener cierta distancia.
A unos veinte metros de ambos había una mujer, apoyada a los pies de un almendro en flor. Estaba acuclillada y parecía sufrir los espasmos propios de los sollozos y el llanto. Todavía más lejos, en otra dirección, otro Arcángel observaba a la misma mujer.
Dimahl sabía que tenía que pasar desapercibido, pero algo le empujaba a acercarse a ella. Rodeándola, se colocó frente a ella, a una distancia suficiente como para poder verla con claridad mientras la observaba como un Arcángel más. Se trataba de una joven, o al menos aquella era la apariencia que había adquirido tras su muerte. Balbuceaba entre sollozos.
Tal vez por el nerviosismo de la mujer o por la distancia, Dimahl era incapaz de entenderla. Los Arcángeles seguían observando en silencio, con ojos vacíos y las expresiones igualmente vacuas de sus máscaras. La imperiosa necesidad de acercarse aumentaba. Sin embargo, hacerlo al descubierto era demasiado arriesgado: su rostro podía delatarle.
Las divagaciones acerca de las palabras de Latvian desaparecieron, ahogadas por la tensión del momento. Pensó en Nirnarëth, pensó en su máscara, la necesitaba. Con sutileza, Dimahl miró a su alrededor. La había arrojado en aquel campo de amapolas, pero era demasiado extenso y frondoso y no recordaba el punto exacto de su encuentro con Nirnarëth. Instintivamente se miró las manos vacías y recordó cómo apenas unos momentos antes había invocado a su guadaña. Entonces pensó.
Con la misma reacción que en Nocheeterna provocaba su parca, los extremos de las mangas del sudario se fundieron un instante, materializando así, de igual manera que con su arma, una máscara blanca similar a la del resto de Arcángeles. Sus mangas, además, también se alargaron, cubriendo sus manos. Con un suspiro se colocó la máscara en el rostro y dejó caer sus brazos. Su apariencia, entonces, se camufló con la del resto.
No le dejó de resultar extraño lo similares que eran las cualidades de los Nero y de los Arcángeles. O más bien, de los Bianco en general.
Dimahl volvió a mirar con disimulo al resto de los enmascarados que observaban a la mujer. Aparentemente ninguno se había percatado de su sutil cambio de apariencia. El perro parecía distraído interrumpiendo el vuelo nupcial de un par de mariposas a base de ladridos juguetones. Aquella parecía ser la oportunidad idónea del Nero camuflado para acercarse a la mujer.
Seguía llorando abrazada a sus rodillas. Aun balbuceaba, solo que aquella vez podía entenderla.
- Mi… mi hijo… – decía.
Dimahl se acercó hasta ponerse a su altura. Se sintió observado por el resto de los Arcángeles, pero los ignoró.
- ¿Le ocurre algo, mujer? – su pregunta estaba más movida por la curiosidad que por la compasión.
Fue ignorado.
- Mi hijo… no está conmigo… – repetía.
El Nero sintió la necesidad de preguntarle, pero en el estado en el que se encontraba aquella joven, sabía que volvería a ignorarle. Sin embargo, ella siguió hablando.
>> No está conmigo. Le echo de menos. Le echo de menos. Le echo de menos. Ojalá. Ojalá. Ojalá…
Dimahl estaba comenzando a sentirse incómodo. Y ni siquiera se había dado cuenta de que el resto de Arcángeles habían dado un paso hacia ellos.
>> Ojalá no le hubiera salvado…
- ¿Qué…? – aquello le pilló por sorpresa.
- ¡Ojalá hubiera muerto! – gritó.
La mujer se levantó de repente, iracunda, pegándole un puñetazo al nudoso e irregular tronco del almendro. Entonces Dimahl vio algo que no había visto jamás, ni allí ni en Nocheeterna. Algo que, tuvo que admitir, le pilló por sorpresa y le aterrorizó: como su una capa de la niebla propia de Nocheeterna los cubriera, sus ojos brillaban con un cadavérico tono grisáceo e irregular.
>> ¡OJALÁ LE HUBIERA MATADO YO MISMA!
Dimahl retrocedió. No había visto nunca algo así. Tampoco había oído hablar de nada parecido.
>> ¡ASÍ ESTARÍA CONMIGO!
Miró a su alrededor. Todos los Arcángeles cercanos habían formado un círculo alrededor de ambos. Algunos miraban a la mujer. Otros, le miraban a él. Entonces lo comprendió.
Él nunca había visto el cambio de aquella clase de personas. Solo el resultado final, su llegada a Nocheeterna.
Aquella mujer era una “gris”.
Y los Arcángeles esperaban que Dimahl la llevara, a favor o en contra de su voluntad, a Nocheeterna.
jueves, 1 de abril de 2010
Dancing Queen
Tan triste como cierto...
Y con esto vuelvo a la blogosfera después de unas vacaciones impuestas por la rebeldía de mi portátil. Siento mi ausencia, pero... ya estoy aquiiiiii... (léase como la niña de Poltergeist).
P.D. Próximo posteo, siguiente capítulo de The Nether, que incluirá resumen más que nada para mí, porque hace ya demasiado que no lo seguía... xS ¡Poneos al día! ;)
¡Cuídenseme!
viernes, 19 de marzo de 2010
And the winner is...
Damas y Caballeros, lectores todos de este humilde blog.
He de anunciar que servidor de ustedes...
¡¡HA GANADO SU PRIMER CONCURSO DE TIRAS!!
Os pongo en contexto: tanto mi churri como yo estamos bastante viciados últimamente a un juego on-line (MMORPG) llamado Dofus. Es un RPG en 2D de tipo táctico con unos diseños geniales, una música guay y, en general, bastante entretenido (tanto es así que, a pesar de tener su parte gratuita, estamos abonados porque además es muy barato). El caso es que en el foro del juego dedicado a los hispano parlantes (tanto de España como de Latinoamérica) convocaron un concurso de tiras cortas que explicara alguna anécdota sobre el juego relacionada con un gremio (un grupo de jugadores asociados, vaya) ya fuera real o ficticia. Decidí probar suerte, aunque no creí que fuera a ser de los ganadores porque, la verdad, el nivel en algunos casos era altísimo.
¿Que qué he ganado, os preguntáis?
Para responder diré que...
LOS ORGANIZADORES SON UNOS JETAS xDDD
Veréis, el juego es de origen francés, aunque se ha extendido por el resto de Europa (y del mundo, si no me equivoco). El premio consistía en una entrada a una convención del juego que tiene lugar en la ciudad del amor, París.
...
LA ENTRADA, que no el viaje...
Pero bueno, en la convención me hubieran dado una bolsa con regalos y se supone que esa bolsa, si no me puedo costear el viaje (que creedme, va a ser que no)me será enviada sin costes ninguno... x___D
En fin, aunque no me enviaran la bolsa, me hubiera bastado con saber que he ganado, me ha hecho una ilusión terrible... x___)
Anticipandome a vuestra pregunta, no, Deed, no ha participado.
...
Por eso he ganado yo.
Sin más ni más, os dejo con la tira. Os explico las referencias del juego que puede que no entendáis: un Cháfer es un tipo de esqueleto, un Jalató es una ovejita la mar de mona que se puede invocar y que da jostias como panes, y un Sacrógrito es una clase de combate cuerpo a cuerpo. ¡Yastá!
¡Espero que os guste! (perdón si los textos se ven algo pequeños, la presenté en un tamaño mayor pero la he tenido que reducir para ponerla aquí).

Aquí os dejo el enlace de facebook con el resto de ganadores (aunque puede que si no habéis jugado al juego se os escapen cosas... u.u). Evidentemente, si no tenéis facebook no creo que podáis verlas xP
¡Victoria! :___P
P.D. Ya solo me queda ganar algún concurso de relatos para que mi vida sea plena...
P.P.D. Sí, Deed, asúmelo. Mi vida no es plena...
P.P.P.D. Deed, mi cabeza tampoco será plena si sigues pegándome con esa silla...
He de anunciar que servidor de ustedes...
¡¡HA GANADO SU PRIMER CONCURSO DE TIRAS!!
Os pongo en contexto: tanto mi churri como yo estamos bastante viciados últimamente a un juego on-line (MMORPG) llamado Dofus. Es un RPG en 2D de tipo táctico con unos diseños geniales, una música guay y, en general, bastante entretenido (tanto es así que, a pesar de tener su parte gratuita, estamos abonados porque además es muy barato). El caso es que en el foro del juego dedicado a los hispano parlantes (tanto de España como de Latinoamérica) convocaron un concurso de tiras cortas que explicara alguna anécdota sobre el juego relacionada con un gremio (un grupo de jugadores asociados, vaya) ya fuera real o ficticia. Decidí probar suerte, aunque no creí que fuera a ser de los ganadores porque, la verdad, el nivel en algunos casos era altísimo.
¿Que qué he ganado, os preguntáis?
Para responder diré que...
LOS ORGANIZADORES SON UNOS JETAS xDDD
Veréis, el juego es de origen francés, aunque se ha extendido por el resto de Europa (y del mundo, si no me equivoco). El premio consistía en una entrada a una convención del juego que tiene lugar en la ciudad del amor, París.
...
LA ENTRADA, que no el viaje...
Pero bueno, en la convención me hubieran dado una bolsa con regalos y se supone que esa bolsa, si no me puedo costear el viaje (que creedme, va a ser que no)me será enviada sin costes ninguno... x___D
En fin, aunque no me enviaran la bolsa, me hubiera bastado con saber que he ganado, me ha hecho una ilusión terrible... x___)
Anticipandome a vuestra pregunta, no, Deed, no ha participado.
...
Por eso he ganado yo.
Sin más ni más, os dejo con la tira. Os explico las referencias del juego que puede que no entendáis: un Cháfer es un tipo de esqueleto, un Jalató es una ovejita la mar de mona que se puede invocar y que da jostias como panes, y un Sacrógrito es una clase de combate cuerpo a cuerpo. ¡Yastá!
¡Espero que os guste! (perdón si los textos se ven algo pequeños, la presenté en un tamaño mayor pero la he tenido que reducir para ponerla aquí).
Aquí os dejo el enlace de facebook con el resto de ganadores (aunque puede que si no habéis jugado al juego se os escapen cosas... u.u). Evidentemente, si no tenéis facebook no creo que podáis verlas xP
¡Victoria! :___P
P.D. Ya solo me queda ganar algún concurso de relatos para que mi vida sea plena...
P.P.D. Sí, Deed, asúmelo. Mi vida no es plena...
P.P.P.D. Deed, mi cabeza tampoco será plena si sigues pegándome con esa silla...
lunes, 15 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
Beyond Z Survival (3/3)
“¡Seré gilipollas!”, pensé. No había vuelto a cerrar la puerta de mi casa cuando acabé con el muerto antes de cenar.
Me quedé quieto para escuchar atentamente, tan tenso que ni siquiera pensé en quitar la música para oír mejor. Lo que pude identificar fue un golpe en la pared del pasillo. Entonces escuché lo que sólo podían ser un par de pies arrastrándose lentamente.
Otro Allanamiento. Tres en un día. Perra suerte…
Intentando hacer el menor ruido cogí el hacha. La casa fuera de mi cuarto estaba totalmente a oscuras, así que no quise arriesgarme a salir. No había oído ningún ruido de forcejeo por lo que lo que quiera que fuese que estaba en el pasillo no se había encontrado con mi madre, cuya habitación estaba más cerca de la entrada que la mía.
Un paso más.
Los pasos seguían acercándose con una parsimonia que me estaba desquiciando. Me alejé un par de pasos de la puerta entornada de mi habitación y esperé, con el hacha alzada, a que se acercara. Los segundos se me hicieron eternos. La idea de abrir la puerta y encontrarme con un zombie rodeado de oscuridad me helaba la espalda de sudor frío.
Otro paso más.
La atmósfera de mi habitación me estaba asfixiando, como si una mano invisible me atenazara la garganta. Golpeé con el mango del hacha en la pared para hacer ruido y atraer a la criatura hacia mí. Las piernas me temblaban.
El último paso.
Como si el mundo se ralentizara, tuve una consciencia casi sobrenatural de lo que me rodeaba. El zombie se hallaba ante la puerta de mi cuarto y se habia detenido, atraído por la ténue luz de la lámpara o el ruido. Prayer seguía sonando.
En un impulso, abrí la puerta como una exhalación.
Mi madre me observaba desde el otro lado. Con unos ojos que horas antes habían tenido un color azul precioso.
El corazón pareció pesarme como plomo dentro del pecho. De tan furioso que estaba tras el Allanamiento ni siquiera le había preguntado si le habían mordido. Ahora, una venda mal colocada y empapada de sangre coagulada colgaba de su brazo izquierdo.
Ella permaneció inmóvil bajo el dintel de mi puerta, con los hombros caídos y echados para delante mientras una gota de baba sanguinolenta colgaba de la comisura de sus labios. Yo también estaba inmóvil. Tanto fue así que ni siquiera noté que una lágrima caía por mi mejilla.
Era como si mi cerebro se hubiera congelado. Mis brazos se dejaron caer. El hacha me colgaba de la muñeca por el cordel que le até. Mi boca estaba abierta y balbuceaba cosas que ni yo mismo recuerdo. El silencio que nos rodeaba era tan espeso como la melaza.
Entonces, mi madre dio un paso.
Estaba completamente fuera de mí. En un segundo mi sangre pasó de ser escarcha a lava hirviendo. Me abalancé sobre ella, hacha en ristre, y fui a por su cabeza sin que mi ira dejara paso a un atisbo de duda. La canción Prayer estaba a punto de terminar.
Turn to me, return to me, return to me, you've made me turn away
- ¡JODER, MAMÁ! – el primer hachazo fue directo a la frente; su cráneo se astilló.
Living just isn’t hard enough
>> ¡MIERDA! – un segundo hachazo, éste a la coronilla.
Burn me alive inside
>> ¡COÑO! – otro más, mi madre cayó al suelo.
Living my life’s not hard enough
>> ¡JODER! – otro más; ya no los contaba.
They take everything from you
>> ¡¡MIERDA!!
El último hachazo se lo di al aire. El cordel de mi muñeca se rompió y el hacha voló por los aires hasta el otro extremo del pasillo mientras todo el peso de la situación cayó sobre mí como los escombros de un edificio en ruinas. El cadáver dos veces muerto de mi madre tenía la cabeza partida en dos. Sus hermosísimos ojos, ahora lechosos y sin vida, colgaban ligeramente de sus cuencas, debido a la fuerza de los golpes.
Me aparté de mi madre, pero mis piernas no me dejaron seguir más allá de un paso y me arrodillé junto a ella, deshaciéndome en llantos. No me dijo nada, quiso mantener lo sucedido en secreto hasta el final porque no quería que yo pasara por lo mismo que mi hermana. La… idiota de mi madre no pensó en que, tarde o temprano, éste iba a ser el final.
No sé cuánto tiempo pasé llorando junto a su cuerpo, cuando el desasosiego se fue disipando. Ya solamente albergaba odio.
Con la vista casi nublada fui a donde se había caído mi hacha y, sin arreglar el cordel, la cogí de tal manera que estaba seguro que no se me caería jamás.
Salí de mi casa. En el primer piso, al fondo de las escaleras, un zombie deambulaba sin saber cómo subir. Pero yo sí sabía cómo bajar. Agarrándome de la barandilla, apoyé todo mi peso y le propiné una patada en la cabeza con mis dos piernas. El cadáver chocó contra la pared opuesta y trastabilló, cayendo al suelo. Me dejé caer sobre su cuello que, débil y quebradizo, se separó de su cuerpo.
Aquel no iba a ser el último zombie caído aquella noche.
Me dediqué a lanzarme contra todo muerto viviente que veía. No usé la 9mm ni una sola vez. Un frío disparo no era suficiente para saciarme. Necesitaba sentir los crujidos de sus huesos, las salpicaduras de sus fluidos fríos y muertos. Necesitaba oír sus últimos suspiros y saber que habían muerto por mis manos una vez más.
Uno tras otro, hombres, mujeres y niños, fueron sucumbiendo a la fuerza de una humilde hacha de mano de podador. Los músculos me ardían, mis pulmones buscaban desesperadamente el aire suficiente para mantenerme vivo. Completamente enajenado y cubierto de sangre y restos de vísceras continué mi matanza, mi vendetta personal contra un mundo que yo no había elegido. Pero el mundo siguió jugando conmigo.
Fue el momento en el que me detuve. En el que pensé “a la mierda…”. Había estado matando muertos por toda la Ciudad y llegué al extremo diametralmente opuesto de la zona donde yo vivía. De lejos vi a mi siguiente objetivo, una mujer que, de pie, me miraba como si me desafiara. Corrí hacia ella esperando a estar lo suficientemente cerca para saltar sobre su cabeza con el hacha. Pero tuve que detenerme en seco.
Era el cadáver animado de Martha mi hermana desaparecida.
Ella me vio, y comenzó a renquear lentamente hacia mí. Exhausto, dejé caer el hacha, que con un ruidoso estruendo metálico marcó el final de mis ansias y de mi esperanza.
- A la mierda…
Me di la vuelta y deambulé sin rumbo, como uno de ellos, hasta que me dejé caer en un banco de un parque cercano. Con la letra de Prayer, de Disturbed aun en la cabeza, me quedé dormido allí mismo, presa de la extenuación, pensando que si algún muerto viviente me encontraba y me devoraba, que así fuera.
No ocurrió nada, como si el mundo siguiera riéndose de mí.
A la mañana siguiente, con un cielo encapotado como cabía esperar, fui a ver a Al. Con los ojos húmedos después de oír mi historia me dejó acompañarle a recoger las provisiones del ejército. Una vez en el punto de recogida, cuando pasaba el avión de suministros, Al encendió una brillante bengala roja, señal acordada que significa que hay un voluntario para unirse a las filas militares.
Ahora mismo me encuentro en un avión del ejército, rodeado de soldados de edades no muy lejanas a la mía, todos con la misma expresión que debo tener yo.Escribo estas palabras en un puñado de papeles arrugados que no sé si alguien leerá, con un bolígrafo que amenaza con gastarse. Resulta una metáfora curiosa.
Nos dirigimos a la Capital, grueso de la batalla debido a la gran cantidad de habitantes que solía haber allí. Sigo pensando en la letra de Prayer.
Tal vez, quien quiera que pueda leer esto pueda pensar que estoy loco. Debe de ser así. Hay que estar loco para sobrevivir en un mundo de locos. Loco para enseñar a niños de seis años a usar armas de fuego. Loco para guardar el cadáver de tu mujer en una jaula. Para atacar sin miramientos a lo que horas antes fue tu madre.
A veces, cuando alguien escucha una canción, lee un libro o ve una película, hay una frase o algún sentimiento que parece que esté hablando exclusivamente de ti, como me ocurrió a mí con Prayer. En esos momentos te sientes comprendido, sabiendo que no eres el único que alguna vez ha dicho o pensado o sentido lo mismo. Cuando eso ocurre, por lo menos en mi caso, siento que se crea una especie de conexión entre los autores y yo.
Escribo esto como un llamamiento a la esperanza en un mundo abocado al fracaso. Mientras siga habiendo ese tipo de vínculos entre los hombres y mujeres del mundo, puede que aun no sea nuestro final.
En fin, terminada queda. Espero que os haya gustado, porque a mí me encantó escribirla.
¡Cuídenseme!
Me quedé quieto para escuchar atentamente, tan tenso que ni siquiera pensé en quitar la música para oír mejor. Lo que pude identificar fue un golpe en la pared del pasillo. Entonces escuché lo que sólo podían ser un par de pies arrastrándose lentamente.
Otro Allanamiento. Tres en un día. Perra suerte…
Intentando hacer el menor ruido cogí el hacha. La casa fuera de mi cuarto estaba totalmente a oscuras, así que no quise arriesgarme a salir. No había oído ningún ruido de forcejeo por lo que lo que quiera que fuese que estaba en el pasillo no se había encontrado con mi madre, cuya habitación estaba más cerca de la entrada que la mía.
Un paso más.
Los pasos seguían acercándose con una parsimonia que me estaba desquiciando. Me alejé un par de pasos de la puerta entornada de mi habitación y esperé, con el hacha alzada, a que se acercara. Los segundos se me hicieron eternos. La idea de abrir la puerta y encontrarme con un zombie rodeado de oscuridad me helaba la espalda de sudor frío.
Otro paso más.
La atmósfera de mi habitación me estaba asfixiando, como si una mano invisible me atenazara la garganta. Golpeé con el mango del hacha en la pared para hacer ruido y atraer a la criatura hacia mí. Las piernas me temblaban.
El último paso.
Como si el mundo se ralentizara, tuve una consciencia casi sobrenatural de lo que me rodeaba. El zombie se hallaba ante la puerta de mi cuarto y se habia detenido, atraído por la ténue luz de la lámpara o el ruido. Prayer seguía sonando.
En un impulso, abrí la puerta como una exhalación.
Mi madre me observaba desde el otro lado. Con unos ojos que horas antes habían tenido un color azul precioso.
El corazón pareció pesarme como plomo dentro del pecho. De tan furioso que estaba tras el Allanamiento ni siquiera le había preguntado si le habían mordido. Ahora, una venda mal colocada y empapada de sangre coagulada colgaba de su brazo izquierdo.
Ella permaneció inmóvil bajo el dintel de mi puerta, con los hombros caídos y echados para delante mientras una gota de baba sanguinolenta colgaba de la comisura de sus labios. Yo también estaba inmóvil. Tanto fue así que ni siquiera noté que una lágrima caía por mi mejilla.
Era como si mi cerebro se hubiera congelado. Mis brazos se dejaron caer. El hacha me colgaba de la muñeca por el cordel que le até. Mi boca estaba abierta y balbuceaba cosas que ni yo mismo recuerdo. El silencio que nos rodeaba era tan espeso como la melaza.
Entonces, mi madre dio un paso.
Estaba completamente fuera de mí. En un segundo mi sangre pasó de ser escarcha a lava hirviendo. Me abalancé sobre ella, hacha en ristre, y fui a por su cabeza sin que mi ira dejara paso a un atisbo de duda. La canción Prayer estaba a punto de terminar.
Turn to me, return to me, return to me, you've made me turn away
- ¡JODER, MAMÁ! – el primer hachazo fue directo a la frente; su cráneo se astilló.
Living just isn’t hard enough
>> ¡MIERDA! – un segundo hachazo, éste a la coronilla.
Burn me alive inside
>> ¡COÑO! – otro más, mi madre cayó al suelo.
Living my life’s not hard enough
>> ¡JODER! – otro más; ya no los contaba.
They take everything from you
>> ¡¡MIERDA!!
El último hachazo se lo di al aire. El cordel de mi muñeca se rompió y el hacha voló por los aires hasta el otro extremo del pasillo mientras todo el peso de la situación cayó sobre mí como los escombros de un edificio en ruinas. El cadáver dos veces muerto de mi madre tenía la cabeza partida en dos. Sus hermosísimos ojos, ahora lechosos y sin vida, colgaban ligeramente de sus cuencas, debido a la fuerza de los golpes.
Me aparté de mi madre, pero mis piernas no me dejaron seguir más allá de un paso y me arrodillé junto a ella, deshaciéndome en llantos. No me dijo nada, quiso mantener lo sucedido en secreto hasta el final porque no quería que yo pasara por lo mismo que mi hermana. La… idiota de mi madre no pensó en que, tarde o temprano, éste iba a ser el final.
No sé cuánto tiempo pasé llorando junto a su cuerpo, cuando el desasosiego se fue disipando. Ya solamente albergaba odio.
Con la vista casi nublada fui a donde se había caído mi hacha y, sin arreglar el cordel, la cogí de tal manera que estaba seguro que no se me caería jamás.
Salí de mi casa. En el primer piso, al fondo de las escaleras, un zombie deambulaba sin saber cómo subir. Pero yo sí sabía cómo bajar. Agarrándome de la barandilla, apoyé todo mi peso y le propiné una patada en la cabeza con mis dos piernas. El cadáver chocó contra la pared opuesta y trastabilló, cayendo al suelo. Me dejé caer sobre su cuello que, débil y quebradizo, se separó de su cuerpo.
Aquel no iba a ser el último zombie caído aquella noche.
Me dediqué a lanzarme contra todo muerto viviente que veía. No usé la 9mm ni una sola vez. Un frío disparo no era suficiente para saciarme. Necesitaba sentir los crujidos de sus huesos, las salpicaduras de sus fluidos fríos y muertos. Necesitaba oír sus últimos suspiros y saber que habían muerto por mis manos una vez más.
Uno tras otro, hombres, mujeres y niños, fueron sucumbiendo a la fuerza de una humilde hacha de mano de podador. Los músculos me ardían, mis pulmones buscaban desesperadamente el aire suficiente para mantenerme vivo. Completamente enajenado y cubierto de sangre y restos de vísceras continué mi matanza, mi vendetta personal contra un mundo que yo no había elegido. Pero el mundo siguió jugando conmigo.
Fue el momento en el que me detuve. En el que pensé “a la mierda…”. Había estado matando muertos por toda la Ciudad y llegué al extremo diametralmente opuesto de la zona donde yo vivía. De lejos vi a mi siguiente objetivo, una mujer que, de pie, me miraba como si me desafiara. Corrí hacia ella esperando a estar lo suficientemente cerca para saltar sobre su cabeza con el hacha. Pero tuve que detenerme en seco.
Era el cadáver animado de Martha mi hermana desaparecida.
Ella me vio, y comenzó a renquear lentamente hacia mí. Exhausto, dejé caer el hacha, que con un ruidoso estruendo metálico marcó el final de mis ansias y de mi esperanza.
- A la mierda…
Me di la vuelta y deambulé sin rumbo, como uno de ellos, hasta que me dejé caer en un banco de un parque cercano. Con la letra de Prayer, de Disturbed aun en la cabeza, me quedé dormido allí mismo, presa de la extenuación, pensando que si algún muerto viviente me encontraba y me devoraba, que así fuera.
No ocurrió nada, como si el mundo siguiera riéndose de mí.
A la mañana siguiente, con un cielo encapotado como cabía esperar, fui a ver a Al. Con los ojos húmedos después de oír mi historia me dejó acompañarle a recoger las provisiones del ejército. Una vez en el punto de recogida, cuando pasaba el avión de suministros, Al encendió una brillante bengala roja, señal acordada que significa que hay un voluntario para unirse a las filas militares.
Ahora mismo me encuentro en un avión del ejército, rodeado de soldados de edades no muy lejanas a la mía, todos con la misma expresión que debo tener yo.Escribo estas palabras en un puñado de papeles arrugados que no sé si alguien leerá, con un bolígrafo que amenaza con gastarse. Resulta una metáfora curiosa.
Nos dirigimos a la Capital, grueso de la batalla debido a la gran cantidad de habitantes que solía haber allí. Sigo pensando en la letra de Prayer.
Tal vez, quien quiera que pueda leer esto pueda pensar que estoy loco. Debe de ser así. Hay que estar loco para sobrevivir en un mundo de locos. Loco para enseñar a niños de seis años a usar armas de fuego. Loco para guardar el cadáver de tu mujer en una jaula. Para atacar sin miramientos a lo que horas antes fue tu madre.
A veces, cuando alguien escucha una canción, lee un libro o ve una película, hay una frase o algún sentimiento que parece que esté hablando exclusivamente de ti, como me ocurrió a mí con Prayer. En esos momentos te sientes comprendido, sabiendo que no eres el único que alguna vez ha dicho o pensado o sentido lo mismo. Cuando eso ocurre, por lo menos en mi caso, siento que se crea una especie de conexión entre los autores y yo.
Escribo esto como un llamamiento a la esperanza en un mundo abocado al fracaso. Mientras siga habiendo ese tipo de vínculos entre los hombres y mujeres del mundo, puede que aun no sea nuestro final.
En fin, terminada queda. Espero que os haya gustado, porque a mí me encantó escribirla.
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